Kevin Kern, uno de los artistas más coherentes, continúa su tradición de los álbumes que se desbordan con calidez y optimismo. En estos tiempos difíciles a nivel mundial, parece increíble escuchar música de tanta paz y tranquilidad. El álbum "Endless Blue Sky (Infinito Cielo Azul)" es un verdadero spa para la mente y el alma. Como siempre, el sonido del piano es estelar y la música crea una atmósfera cálida y envolvente de tranquilidad. La pista "Joy of the journey (La alegría de la jornada)" es un abrazo de bienvenida musical que marca la pauta del álbum. Esta es una melodía de profundidad emocional tranquila, música perfecta para relajarse, calmar los nervios y permitir que todos sus problemas se aparten lejos.
Kevin Kern - Endless Blue Sky (2009)
01. Joy Of The Journey
02. Velvet Green
03. Endless Blue Sky
04. Sunset Prayer
05. Light Spirit
06. Scene In A Dream
07. The Skipping Song
08. Caring Friend
09. Wending Our Way Home
10. The Glistening Pond
11. A Thousand Miles Away
12. Gifts Along The Way
13. Joy Of The Journey Reprise
14. Always Near
Duración total: 61:36 min.
Neto 17 de abril de 2013 09:03
ResponderEliminarPianista y compositor estadounidense, su verdadero nombre es Kevin Lark Gibbs. Nació en Detroit, un 22 de diciembre de 1958.
Ciego de nacimiento, fue todo un niño prodigio, a la edad de 18 meses fue descubierto por sus padres tocando "Noche de Paz" en el piano, a partir de ahí, con 4 años comienza a dar clases con un profesor particular y a los 8 comienza a componer sus propias obras.
Con 14 años funda un grupo musical al que llama "El clave bien temperado", con el cual hace su debut profesional.
Su influencia musical más temprana fue la leyenda del jazz George Shearing, a quien conoció cuando era niño. Con George como mentor, Kevin desarrolló un amor temprano por la improvisación y un aprecio para el sonido hermoso que un piano podría producir.
Además de la contribución de Shearing, recibió una amplia educación clásica, sobre todo gracias a sus estudios de música en la Universidad de Michigan, con el pianista Mischa Kottler.
A partir de estas experiencias, Kevin desarrolla su marca de sonido, donde las melodías, exudan lirismo y sencillez y son capaces de atravesar el corazón del oyente.
En 1996 lanza su primer álbum, "In the Enchanted Garden", el cual se convierte en un gran éxito, apareciendo 26 semanas en las listas de éxitos.
Kevin ha desarrollado una propia y única voz musical, un estilo que es conocido como "sonido-pintura". Como él mismo dice: "Aunque mi visión carece de los detalles de otros, he aprendido a describir con mi música".
La música de Kevin ha aparecido en el cine y televisión tanto en los EE.UU. como en el extranjero.
Además de las series de ficción coreanas, "Otoño en mi corazón" (Gaeul Donghwa), su música se ha escuchado como parte de los "Juegos Olímpicos del Verano 2000", "Live! Con Regis y Kathy Lee" (y Kelly, también!) , "Oprah", NPR, PBS, y en anuncios comerciales de Mitsubishi, Blue Shield de California, etc...
Kevin Kern es hoy día sinónimo de hermosa y relajante música. Sus grabaciones y conciertos lo han encumbrado como un talentoso compositor y un intérprete brillante.
Más información visitá http://www.kevinkern.com/
Sandy azul 17 de abril de 2013 13:20
La prueba viviente de que los dones se desarrollan vida tras vida es este magnifico artista Kevin Kern, me encanta...me transmite paz, la paz que tiene aquel que sabe que lo que hace, si se hace desde el alma, es perfecto. No hay esfuerzo, no hay duda, no hay altibajos, las notas salen fluida y armoniosamente de cada tecla , como si fuesen una prolongacion de los mismos dedos del creador.
Maravillosa elecciòn Neto, precioso tema !
Otro apartado merece el fondo del blog, y porque el azul es mi color. Azul, como el mar azul....y combinado con lilas, nada màs que pedir....
Gracias, amigo Neto, por esta fiesta de sonidos y colores del blog magico y enigmatiko!
Abrazos de luz!
Neto 17 de abril de 2013 19:13
Así es Sandy, como bien decís sobre Kevin Kern! Es un gran pianista y este tema "La alegría de la jornada" transmite paz y tranquilidad! Hermoso! Gracias por comentar! Saludos!
🌄 La fe que respira entre teclas y escarcha
ResponderEliminarEl amanecer en Aluminé hoy no llega: se revela.
Se asoma lentamente entre la helada que cubre el mundo como un manto sagrado, como si la tierra misma hubiese decidido guardar silencio para que algo más profundo pueda ser escuchado. Afuera, el frío dibuja su lenguaje invisible sobre cada superficie. Adentro, el mate humea entre mis manos, y Kayquén y Chipi se arriman sin pedir permiso, como sabiendo que este instante nos pertenece a los tres.
Soy Neto. Y este momento… soy también.
El piano suena suave, casi como si no quisiera interrumpir el diálogo entre el alma y la mañana. Cada nota cae con una delicadeza que no busca impresionar, sino revelar. Es un sonido que no necesita ver para mostrar. Y entonces, inevitablemente, pienso en esa frase que atraviesa el tiempo como un susurro persistente: el optimismo es la fe que conduce al éxito… nada puede hacerse sin esperanza y confianza.
Pero… ¿qué es realmente esa fe?
No parece ser algo grandilocuente ni épico en este instante. No tiene forma de victoria ni de conquista. Es más bien algo pequeño, íntimo. Como cebar otro mate sin apuro. Como acariciar a Kayquén mientras duerme. Como sentir el calor leve de Chipi acurrucado cerca, buscando refugio en este microcosmos que armamos sin decirlo.
Quizás la fe sea esto: quedarse.
Quedarse incluso cuando el frío aprieta.
Quedarse incluso cuando no hay respuestas claras.
Quedarse, confiando en que algo invisible sostiene.
La historia de aquel pianista —ciego desde el comienzo, pero lleno de visión— vuelve a aparecer en mi memoria como una melodía conocida. No veía el mundo como otros… pero lo traducía en sonidos que lo hacían aún más visible. Como si su alma no necesitara ojos para reconocer la belleza, sino entrega.
Y ahí algo hace eco dentro mío.
¿Cuántas veces creemos que necesitamos “ver” para creer, cuando en realidad es al revés? ¿Cuántas veces esperamos certezas antes de dar un paso, cuando la vida parece susurrarnos que primero hay que confiar?
El optimismo del que hablaba aquella mujer que nunca dejó de mirar más allá de sus propios límites… no era ingenuo. Era una decisión. Una práctica silenciosa. Una forma de pararse frente al misterio sin retroceder.
Como este amanecer.
Como este piano.
Como esta respiración que ahora mismo comparto con todo lo que me rodea.
Recuerdo esas palabras de hace años, casi como si las hubiese escrito otra versión de mí… y sin embargo siguen siendo verdad. La música que nace desde el alma no duda. No se quiebra. No necesita aprobación. Simplemente fluye.
Como debería fluir la vida.
Pero nos cuesta.
Nos enredamos en pensamientos, en expectativas, en miedos que no siempre tienen raíz. Y en medio de todo eso, olvidamos algo esencial: que hay una fuerza más profunda que cualquier incertidumbre.
La esperanza.
No esa esperanza ingenua que espera que todo salga bien, sino esa que permanece incluso cuando no sale. Esa que no depende de resultados, sino de una conexión interna que no se rompe.
El piano sigue.
Cada nota parece decirme que no hace falta entenderlo todo. Que no hace falta tener el mapa completo. Que hay una sabiduría en avanzar a tientas, en confiar en lo que se siente aunque no se pueda explicar.
Kayquén se mueve levemente. Chipi abre un ojo, me mira, y vuelve a su descanso. Ellos no necesitan teorías. No necesitan frases. Viven en una coherencia que nosotros, a veces, olvidamos.
Están.
Y eso alcanza.
Tal vez el éxito del que hablaba aquella frase no sea llegar a algún lugar, sino poder habitar este instante sin resistencia. Poder sentir que, a pesar de todo, hay algo en nosotros que sigue intacto, disponible, abierto.
Una especie de luz interna que no depende del clima, ni del pasado, ni de lo que vendrá.
Una fe silenciosa.
Un optimismo que no grita, pero sostiene.
El mate se enfría un poco. Afuera, la escarcha empieza a rendirse ante los primeros rayos del sol. Y adentro, algo en mí también se ablanda, se acomoda, se aquieta.
No tengo todas las respuestas.
Pero tengo este momento.
Tengo esta música.
Tengo esta compañía.
ResponderEliminarY, de alguna manera difícil de explicar, tengo confianza.
Confianza en que no necesito ver todo el camino para seguir avanzando. Confianza en que incluso en los días más fríos, hay algo cálido latiendo por dentro. Confianza en que la vida, como esta melodía, sabe hacia dónde ir… aunque yo no siempre lo entienda.
El amanecer ya no duda.
Y yo… tampoco.
Sigo cebando mates.
Sigo escuchando.
Sigo creyendo.