El álbum "The Christmas Sessions: Season’s Greetings From Studio 2" de Ed Bazel —grabado en el emblemático Abbey Road Studios— reúne once piezas navideñas: diez clásicos atemporales y una composición original. Con un piano dominante, acompañado por arreglos de cuerdas, viento y percusión ligera, Bazel convierte villancicos tradicionales como “Silent Night”o “We Three Kings” en meditaciones delicadas, íntimas y llenas de nostalgia. Su interpretación —sencilla pero emocionalmente profunda— invita a la introspección y al recogimiento, ideal para acompañar las fiestas con calidez, serenidad y un toque de magia. El resultado es un álbum que no solo rinde homenaje a los clásicos navideños, sino que también ofrece una experiencia emocional profunda, perfecta para acompañar el invierno.
Ed Bazel - The Christmas Sessions (2024)
01. It Came Upon A Midnight Clear
02. Christmas Time Is Here
03. Oh Little Town Of Bethlehem
04. Silent Night
05. Oh Come All Ye Faithful
06. The Christmas Song
07. What Child Is This
08. Away In A Manger
09. Christmas Time Is Coming
10. God Rest Ye Merry Gentlemen
11. We Three Kings.
Duración total: 32:06 min.
01. It Came Upon A Midnight Clear
02. Christmas Time Is Here
03. Oh Little Town Of Bethlehem
04. Silent Night
05. Oh Come All Ye Faithful
06. The Christmas Song
07. What Child Is This
08. Away In A Manger
09. Christmas Time Is Coming
10. God Rest Ye Merry Gentlemen
11. We Three Kings.
Duración total: 32:06 min.
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🌄✨ “Cuando la tormenta nombra nuestras sombras y el amanecer nos enseña a contar la luz”
ResponderEliminarAmaneció en Aluminé con un silencio extraño, como si la noche hubiese querido dejar un mensaje en cada gota que aún cuelga de los coihues. Tras la tormenta —esa danza feroz de truenos que hizo vibrar las chapas y el corazón— la mañana navideña de esta primavera tardía trajo un aroma a tierra abierta, a renacimiento. Caminé hacia el río, todavía encendido por los destellos del cielo que lo visitaron durante la madrugada, y comprendí que había en el aire una invitación a mirar de otra forma, a recordar lo que tantas veces olvido: que las alegrías también merecen ser contadas.
Aquí, en este rincón de la Patagonia donde el viento parece tener memoria propia y los cerros guardan secretos que sólo revelan a quienes caminan despacio, uno aprende que la vida no es solamente el murmullo existencial de los pesares. Es también la chispa que se enciende cuando un rayo parte la noche en dos; es el abrazo que llega después de la tormenta; es la certeza de que todo renace, incluso lo que parecía definitivamente roto.
Mientras avanzaba por la orilla, sentí que la frase de Dostoyevski —esa verdad tan simple y tan profunda— se hacía eco dentro de mí: “Nos complacemos en enumerar nuestros pesares, pero olvidamos enumerar nuestras alegrías.” ¿Cuántas veces me he sentado frente al fuego contando derrotas, como quien revisa viejas brasas esperando encontrar una chispa? ¿Cuántas veces he dejado a un lado los pequeños milagros que, tímidos, se asoman en cada amanecer?
La tormenta de anoche me recordó algo esencial: cada trueno, cada viento que parecía querer arrancar el techo, venía a limpiar. No a destruir. A barrer lo que ya no sirve, lo que enturbia la mirada. Y cuando, finalmente, la lluvia cedió y un rayo iluminó por última vez el valle, supe que esa luz era una señal para quienes aún caminamos con sombras ajenas colgando de la espalda.
Porque vivimos rodeados de historias antiguas, de la sabiduría silenciosa del pueblo mapuche, de la música del agua que desciende por los faldeos y del susurro de los animales que conocen mejor que nosotros el lenguaje del renacer. Aluminé tiene ese poder: te obliga a escuchar, a detenerte, a sentir. Te recuerda que tu espíritu es parte de un tejido vasto y misterioso que se extiende más allá del crepúsculo, justo hacia esos lugares insospechados donde MusiK EnigmatiK busca llevarnos.
Y pensé entonces que tal vez la verdadera fortaleza está en aprender a nombrar las alegrías sin vergüenza, sin pudor. Enumerarlas como quien enumera estrellas: con calma, con gratitud, sabiendo que aún las más pequeñas brillan con la misma dignidad que las enormes. Mi alegría de hoy fue ver cómo el sol se abría paso entre los nubarrones, cómo las nubes se retiraban como un telón que anuncia un nuevo acto. Fue sentir el aroma a pasto mojado, el sonido de los pájaros retomando su canto y la certeza de que aún en medio del ruido, algo dentro de mí había permanecido intacto.
Quizá la superación personal no sea otra cosa que eso: aprender a mirar con ojos nuevos lo que siempre estuvo ahí. Dar valor al instante presente, incluso si llegó envuelto en relámpagos. Y permitirse decir: “Sí, sufrí… pero también viví, también gocé, también esperé”.
Hoy, en esta mañana navideña que brilla después del estruendo, decido enumerar mis alegrías. Decido reconocer que la tormenta no vino a asustarme, sino a recordarme que sigo aquí, respirando, creciendo, caminando hacia ese horizonte que, aunque cargado de misterio, también está hecho de luz.
Y mientras el río Aluminé continúa su viaje —sereno ahora, como si también hubiera encontrado su calma— dejo que mi espíritu se sintonice con su murmullo. Porque en él descubro un mensaje que MusiK EnigmatiK conoce bien: el viaje interior nunca termina, pero cada paso puede ser más liviano si aprendemos a honrar aquello que ya nos ilumina por dentro.