David Lindsay - Follow The Sun (2025)

El álbum "Follow The Sun" de David Lindsay, lanzado en 2025, es una obra instrumental que invita a un viaje emocional a través de paisajes sonoros amplios y contemplativos. Con 12 pistas que combinan melodías expansivas y texturas acústicas, Lindsay despliega una paleta que va desde atmósferas suaves como “The Pleiades” hasta pasajes más envolventes en “Point of Light”, todos marcados por un pulso reflexivo y orgánico. El título del álbum sugiere una búsqueda constante de luz y claridad, un hilo conductor que se hace evidente en temas como “Follow The Sun”, donde las armonías evocan sensaciones de calma y esperanza. En conjunto, "Follow The Sun" es una propuesta coherente y envolvente para quienes disfrutan de la música que combina introspección y apertura sonora.

David Lindsay - Follow The Sun (2025)

01. Follow The Sun
02. The Narrow Path
03. Stepping Stones
04. Open Air
05. The Pleiades
06. Crosswinds
07. Glass Soul
08. Moon Climbing
09. Night Comes
10. Distance in Time
11. Point of Light
12. Skye

Duración total: 61:09 min.

Comentarios

  1. 🚗🌄 Donde el sol abre las paredes invisibles

    La ruta comenzó en silencio.

    Dejé atrás Aguas Verdes, en el Partido de la Costa, mientras el amanecer apenas insinuaba su luz sobre la Provincia de Buenos Aires. El mar quedó como un susurro salado en la memoria, y el motor del auto tomó el relevo del océano: un pulso constante, casi meditativo.

    Viajar hacia casa —hacia Aluminé, en la Provincia del Neuquén, corazón íntimo de la Patagonia Argentina— no es simplemente recorrer kilómetros. Es atravesar versiones de uno mismo. Cada tramo de asfalto es una pregunta que se extiende hacia el horizonte.

    Antes de partir, resonaba en mí una frase de Joseph Campbell:
    “Busca tu felicidad, y el universo abrirá puertas para ti allí donde solo había paredes.”

    En la quietud de la mañana, esa idea se volvió ruta.

    Conducía mientras la llanura se desplegaba interminable. Campos dorados, estaciones de servicio solitarias, pueblos que parecen suspendidos en el tiempo. Hay algo en la carretera que desnuda: no hay distracciones permanentes, sólo avance. El parabrisas se convierte en un marco donde el mundo cambia sin pedir permiso.

    En los parlantes comenzó a sonar Follow The Sun de David Lindsay. La música tenía esa cualidad luminosa que no empuja, pero guía. Como si cada acorde fuese un rayo insinuando dirección.

    Follow The Sun.
    Sigue el sol.

    Y entendí que eso era exactamente lo que estaba haciendo, aunque no sólo en sentido geográfico.

    Durante días frente al mar, uno escucha deseos que en la rutina urbana quedan sepultados. Pero la verdadera prueba no es oírlos: es conducir hacia ellos. Campbell no hablaba de una felicidad superficial, sino de una fidelidad profunda. Una brújula interna que, cuando se honra, transforma muros en umbrales.

    La ruta parecía infinita. A veces recta, a veces ondulante. Pensé en cuántas veces confundimos paredes con límites definitivos. Un trabajo que no nos llena. Un miedo heredado. Una historia que repetimos por costumbre. Creemos que son estructuras sólidas, inamovibles. Pero quizá sólo esperan que decidamos avanzar.

    El sol ascendía lentamente. Cada kilómetro hacia el sur cambiaba la textura del paisaje. La llanura comenzaba a ceder ante formas más abruptas. El aire se volvía distinto, más seco, más transparente. Como si la tierra misma anunciara una transición.

    En ese tránsito comprendí algo inquietante: la felicidad no es un destino fijo, es un acto de alineación. Cuando buscamos aquello que nos enciende por dentro, el universo no nos regala caminos fáciles; nos revela puertas invisibles.

    Recordé momentos en los que sentí paredes a mi alrededor. Decisiones postergadas. Sueños archivados. Y sin embargo, cada vez que me atreví a dar un paso —aunque fuera mínimo— algo se movió. Una conversación inesperada. Una oportunidad sutil. Una coincidencia que dejó de ser casualidad.

    Tal vez el universo no abre puertas externas; abre nuestra percepción.

    La música de Lindsay se expandía con una serenidad casi solar. No había dramatismo, sólo avance. Como la ruta. Como la vida cuando se vive con dirección interior.

    Al cruzar hacia territorios más australes, la vastedad patagónica comenzó a insinuarse. El cielo parecía agrandarse, como si necesitara más espacio para existir. Pensé que quizá las paredes nunca fueron reales; eran techos bajos construidos por temor.

    Buscar la felicidad exige coraje. Porque implica renunciar a la comodidad de lo conocido. Implica aceptar que algunas seguridades eran jaulas decoradas. Y cuando decidimos movernos, el paisaje cambia. No siempre de inmediato, no siempre con fuegos artificiales. Pero cambia.

    A medida que me acercaba a Aluminé, los perfiles montañosos se recortaban contra la luz de la tarde. El verde profundo, los ríos invisibles corriendo entre bosques, la promesa del viento frío del sur. Sentí que no regresaba al mismo lugar del que partí. Yo tampoco era el mismo.

    El viaje desde el mar hasta la montaña es también un viaje simbólico: de la fluidez a la firmeza, de la marea al relieve. Y en ambos extremos, la enseñanza es la misma: muévete hacia lo que te expande.

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  2. El sol comenzaba a descender cuando divisé los primeros indicios de hogar. En ese instante comprendí que la frase de Campbell no era optimista en exceso; era profundamente responsable. El universo abre puertas, sí, pero sólo cuando estamos en movimiento. Sólo cuando dejamos de empujar paredes imaginarias y empezamos a caminar.

    Apagué el motor. El silencio patagónico me envolvió con su intensidad limpia. No había aplausos, no había señales místicas en el cielo. Sólo una certeza suave:

    Seguir el sol no es perseguir luz externa.
    Es honrar la llama interna.

    Y cuando uno lo hace —aunque el trayecto sea largo, aunque la ruta parezca interminable— descubre que las paredes nunca fueron límites, sino invitaciones a avanzar.

    Quizá la verdadera felicidad no sea llegar a casa.
    Sea atreverse a conducir hacia ella.

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