¿Cómo se resume un largo capítulo en el trabajo de una vida en curso? Creas un álbum que habla por ello, al igual que el muy satisfactorio lanzamiento del pianista Wayne Gratz, "The Last Fifteen Years". Este álbum es una cronología musical de una carrera que en realidad comenzó hace treinta años. Continúa documentando a uno de los pianistas contemporáneos New Age más notables del planeta. Wayne Gratz llegó a la escena de la música New Age, porque allí es donde se agrupaba gran parte de la música contemporánea en ese momento, en 1989 con un álbum llamado Reminiscence, y lanzó un álbum casi todos los años a partir de entonces en los sellos Narada y Enso. Su música siempre ha abarcado muchos géneros, desde la clásica hasta la contemporánea, pasando por el folk y muchos otros.
Wayne Gratz - The Last Fifteen Years (2020)
01. Soul to Soul
02. The Painted Skyline
03. The Bridge to Ponce
04. Natalie's Song
05. A Silent Wind
06. Afternoon Sails
07. May Morning
08. Feels Like Spring
09. Kyra's Dance
10. Even with the Rain
11. Walking the Castle Windy
12. Colors of Autumn
13. A Search for Certainty
14. My World of Colors
15. The Trill of Life
Duración total: 63:58 min.
01. Soul to Soul
02. The Painted Skyline
03. The Bridge to Ponce
04. Natalie's Song
05. A Silent Wind
06. Afternoon Sails
07. May Morning
08. Feels Like Spring
09. Kyra's Dance
10. Even with the Rain
11. Walking the Castle Windy
12. Colors of Autumn
13. A Search for Certainty
14. My World of Colors
15. The Trill of Life
Duración total: 63:58 min.
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La cantidad de felicidad que tienes en tu vida depende de la cantidad de libertad que tienes en tu corazón. —Thich Nhat Hanh.
ResponderEliminar🍂 El umbral invisible de la libertad
ResponderEliminarHoy todo me puede… y lo dejo.
El ahora me lo permite.
En esta noche cerrada de Aluminé, donde la oscuridad parece abrazar cada rincón y algunas gotas caen como si el cielo respirara lento, me encuentro suspendido en un instante que no pide nada más que ser vivido. La música —la buena música— me acompaña como un puente hacia algo que no sé nombrar, pero que siento profundamente.
Hoy fue un día de plenitud otoñal. De esos que no necesitan explicación.
Vi hojas caer una y otra vez en el jardín, como si cada una tuviera un mensaje distinto. Y en esa repetición silenciosa, algo en mí también empezó a soltarse.
Pienso en esa frase de Thich Nhat Hanh:
“La cantidad de felicidad que tienes en tu vida depende de la cantidad de libertad que tienes en tu corazón.”
Y me pregunto… ¿qué significa realmente ser libre?
No hablo de viajar sin destino —aunque lo deseo— ni de romper estructuras visibles. Hablo de algo más sutil. Una libertad que no se ve, pero que se siente cuando el mundo deja de pesar tanto. Cuando el “deber ser” se disuelve, aunque sea por un instante, y solo queda el pulso genuino de existir.
Hoy el mundo se me achica… pero no como una limitación, sino como un refugio. Como si todo lo innecesario se retirara lentamente, dejando espacio para lo esencial: este momento, esta respiración, esta conciencia de estar siendo.
Y sin embargo… quiero viajar.
Pero no sé si hablo de kilómetros o de estados del alma.
Tal vez viajar sea esto: permitirme habitar otros yo.
El que fui. El que seré. El que ahora se observa pensando.
Estos momentos de introspección me pueden… me atraviesan sin pedir permiso. Me convierten en testigo de algo que no controlo, pero que agradezco. Porque en ese fluir aparece una verdad incómoda y hermosa a la vez:
La felicidad no llega cuando todo está resuelto…
llega cuando dejamos de resistir lo que es.
Hoy no necesito respuestas urgentes.
Pero sí preguntas verdaderas.
¿Qué partes de mí siguen atadas sin razón?
¿Qué miedos disfrazados de lógica me impiden expandirme?
¿A quién le pertenece la voz que a veces me limita?
Quizás esto que estoy sintiendo ya pasó…
o está por pasar en un mañana lejano, bien lejano…
y este instante no es más que un eco viajando en el tiempo.
Si es así, entonces esta reflexión no es solo mía.
Es un mensaje en tránsito.
Para mi yo de ayer:
gracias por haber llegado hasta acá, incluso sin entender del todo.
Para mi yo del mañana:
ojalá no hayas olvidado que la libertad no se conquista afuera…
se descubre adentro, cuando dejás de huir de vos mismo.
Porque tal vez la verdadera prisión no es el lugar donde estamos,
sino las historias que nos contamos sobre lo que no podemos ser.
Y esta noche… algo en mí se siente libre.
No porque todo esté claro.
No porque haya certezas.
Sino porque, por un momento, no necesito tenerlas.
Las hojas caen.
La música sigue.
La lluvia insiste suave contra la noche.
Y yo… simplemente estoy.
Quizás eso sea suficiente.
Quizás eso sea todo.
O quizás…
sea el comienzo de un viaje que no necesita moverse para empezar.