"¡Oh agua! Sustentador de la vida, tú que tienes en tu poder la vida y la muerte; muestras tu ira al desaparecer de nuestros estanques, arroyos y ríos, aumentando su salinidad y contaminándote con patógenos; estas son el arma de tu venganza cuando la humanidad abusa de ti. Pero con tu furia aún nos amas, como el amor de una madre por su primogénito, tu suave toque alivia mis nervios y relaja mis músculos. De ti saciaré mi sed, te das gratis a los animales, del más grande al más pequeño, la presa y el depredador. Oh madre de madres mereces ser llamada. Los magos en el desierto sonríen y hacen sus tiendas de campaña donde se encuentra tu oasis de amor. Oh gran y maravillosa molécula de agua, lloro cada primavera la temporada de tu abundancia. El agua es vida, La vida es agua."
Martins Garden - Aqua (2023)
01. Aqua
02. All That Sweetness
03. Nothing Is Softer
04. Still Waters Runs Deep
05. Wonderland
06. The Way of the Tao
07. Seduce Me
08. Glorious Octopus
09. Fluid Flow
10. Symbiosis
11. Habitat
Duración total: 69:49 min.
01. Aqua
02. All That Sweetness
03. Nothing Is Softer
04. Still Waters Runs Deep
05. Wonderland
06. The Way of the Tao
07. Seduce Me
08. Glorious Octopus
09. Fluid Flow
10. Symbiosis
11. Habitat
Duración total: 69:49 min.
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Nunca sabemos cómo nuestras pequeñas acciones pueden afectar a otros a través de la trama invisible de nuestra interconexión. —Grace Lee Boggs.
ResponderEliminar🌤️ Los hilos invisibles de la tarde
ResponderEliminarLa lluvia de la mañana se ha retirado lentamente, como si hubiese cumplido su tarea secreta sobre la tierra. Ahora, en esta tarde de domingo en Aluminé, algunos destellos de sol atraviesan las nubes y se derraman sobre las montañas húmedas. El aire tiene ese perfume profundo que sólo aparece después de la lluvia, cuando la Patagonia parece recién despertada.
Estamos tomando unos mates, tranquilos, mientras el paisaje respira a nuestro alrededor. Mi compañero de vida acomoda la bombilla, el vapor del agua caliente dibuja pequeñas espirales en el aire, y por un momento todo parece perfectamente sencillo.
Pero hay algo misterioso en esa sencillez.
Las montañas que rodean este valle no llegaron aquí de un día para otro. Los ríos que serpentean por esta geografía no comenzaron a fluir esta mañana. Todo lo que vemos es el resultado de millones de pequeños gestos de la naturaleza: una gota que cae, una piedra que se desplaza, una raíz que se abre camino bajo la tierra.
Tal vez la vida humana funcione de la misma manera.
Hoy recordé una frase de Grace Lee Boggs:
“Nunca sabemos cómo nuestras pequeñas acciones pueden afectar a otros a través de la trama invisible de nuestra interconexión.”
Mientras la escuchaba en mi memoria, miré cómo el sol se reflejaba sobre un charco que dejó la lluvia. Un reflejo pequeño, casi insignificante… pero suficiente para iluminar el borde del camino.
A veces creemos que sólo los grandes actos cambian el mundo. Sin embargo, aquí en el sur uno aprende otra lógica. Las tradiciones de estas tierras se sostienen en gestos mínimos: compartir un mate, abrir la puerta a un visitante inesperado, escuchar el silencio del otro sin necesidad de llenarlo de palabras.
Son actos pequeños.
Pero profundamente humanos.
Quizás cada uno de ellos sea un hilo que se entrelaza con otros hilos invisibles, formando una trama que no alcanzamos a ver completa.
Una palabra amable dicha en el momento justo.
Una sonrisa ofrecida sin esperar nada.
Una presencia silenciosa cuando alguien la necesita.
¿Quién puede saber hasta dónde viajan esas ondas?
Tal vez se expanden como los círculos que nacen cuando una gota toca la superficie de un lago. Primero son pequeños, casi imperceptibles… pero continúan abriéndose, alcanzando orillas que la gota jamás imaginó.
Mientras el mate sigue girando entre nosotros, siento que esta tarde también es parte de esa red invisible. El sol que ahora se asoma entre las nubes tocó antes las cumbres lejanas. La lluvia que cayó esta mañana comenzó tal vez en un océano distante.
Todo está conectado.
Quizás el espíritu humano también sea parte de esa corriente secreta que une cosas aparentemente separadas.
Y entonces comprendo algo sencillo, pero profundo: nuestras acciones nunca terminan exactamente donde creemos. Siempre continúan viajando por caminos que no podemos ver.
Tal vez por eso la vida nos invita a habitar cada gesto con conciencia.
Porque incluso en una tarde tranquila de domingo, entre mates compartidos y destellos de sol después de la lluvia, estamos participando en algo mucho más grande que nosotros.
Una red silenciosa de humanidad.
Una música invisible que enlaza corazones, montañas, ríos y destinos.
Y quién sabe…
Quizás alguna pequeña acción de hoy
ya esté viajando
más allá del crepúsculo.