Zero-Project - Ambient Symphony (2020)

"Ambient symphony" de Zero-Project, es una combinación de música New Age, electrónica y orquestal, que se lanzó por primera vez en 2009. Después de varios meses de trabajo en una valiente renovación, en 2020 se lanza nuevamente. Para los amigos de la astronomía (y no sólo ellos) se ha lanzado el último episodio de "Hubblecast" con el título "Hubblecast 68: La máquina del tiempo Hubble". En ese vídeo se han utilizado como música de fondo temas de "Zero-Project" como "Intro" y "Battle at the misty Valley" del disco. "Ambient Symphony" es un álbum ambiental, electrónico y New Age que fue lanzado el 24 de octubre de 2009. Dos años más tarde, se utilizó como tema musical de fondo principal del episodio número 50 de Hubblecast. 

Zero-Project - Ambient Symphony (2020)

01. Intro
02. High Hopes
03. Twilight Poem
04. Breath of Freedom
05. The Silent Force
06. Battle at the Misty Valley
07. Dawn of a New Era
08. Path of Loneliness
09. Neverending Dream

Duración total: 40:14 min.

Comentarios

  1. Mi casa y mi corazón nunca cerrados: que pasen los pájaros, los amigos, el sol y el aire. —Marcos Ana.

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  2. 🌿 La casa sin cerrojos

    Hay días en los que siento que el mundo intenta cerrarse: puertas que se trancan, miradas que se endurecen, palabras que se guardan como si fueran tesoros en peligro. Y, sin embargo, algo dentro de mí insiste en lo contrario: en abrir, en soltar, en dejar pasar.

    Pienso en mi casa —no la de ladrillos, sino la invisible— esa que habito cuando nadie me ve. Durante mucho tiempo la protegí como si el amor fuera frágil, como si el dolor pudiera entrar sin permiso y destruirlo todo. Pero con los años entendí que lo verdaderamente frágil era el encierro.

    Mi casa y mi corazón nunca cerrados… repito, como un mantra que no busca convencer, sino recordar.

    Que pasen los pájaros, incluso los que traen despedidas en sus alas. Que aniden si lo necesitan, aunque luego se marchen sin promesa de regreso. Porque no nacimos para retener, sino para presenciar el vuelo.

    Que pasen los amigos, los de siempre y los inesperados. Los que llegan como una canción conocida y los que irrumpen como una melodía nueva que al principio desconcierta, pero después transforma. Cada encuentro deja una vibración, una nota suspendida que sigue sonando mucho después de que el silencio vuelve.

    Que pase el sol, incluso cuando ilumina rincones que preferiría no ver. Hay sombras que solo se disuelven cuando me atrevo a exponerlas. Y en esa claridad, a veces incómoda, descubro que también hay belleza en lo que creía roto.

    Y que pase el aire… el aire que renueva, que desordena, que se lleva lo estancado. El aire que no pide permiso, que no entiende de posesión, que simplemente fluye. Quizás ahí esté el secreto: en aprender a ser como el aire, en no aferrarme ni siquiera a mí mismo.

    Abrir la casa es abrir el alma al misterio. Es aceptar que no todo lo que entra será comprendido, que no todo lo que se va será olvidado. Es vivir en ese delicado equilibrio entre lo que llega y lo que parte, sin intentar controlar el ritmo del universo.

    Porque al final, ¿qué soy sino un umbral?

    Un lugar de paso. Un instante donde la vida se detiene apenas lo suficiente para ser sentida.

    Y en ese tránsito, en ese ir y venir constante, descubro algo que no se puede encerrar: la certeza de que cuanto más abierto permanezco, más profundamente existo.

    Así que dejo las puertas sin cerrojo. No por descuido, sino por elección.

    Y si alguna vez el vacío entra, lo dejo sentarse conmigo. Tal vez también tenga algo que decir.

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