Mathias Fritsche - Neverending Story (Epic Orchestra) (Single) (2022)

Mathias Fritsche es compositor, cantante, autor y videógrafo de Erfurt (Alemania) y su proceso creativo comenzó cuando era niño. Lleva más de 15 años escribiendo sus propias canciones pop y música orquestal y desde hace algún tiempo hace cortometrajes, vídeos musicales y películas de imagen. Como autor, escribe sobre música, espiritualidad e historias de su vida. Como compositor, le encanta experimentar con diferentes sonidos y melodías. En el área de vídeos se centra en historias emocionales que le conmueven y le estancan. Una y otra vez le cautivan nuevas visiones/ideas y siempre esta buscando nuevos proyectos interesantes. La música habla el mismo idioma para todos y para Mathias Fritsche es la mejor manera de marcar la diferencia.

Mathias Fritsche - Neverending Story (Epic Orchestra) (Single) (2022)

01. Neverending Story (Epic Orchestra)

Duración total: 05:04 min.

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  1. No te alejes de tus ilusiones. Cuando desaparezcan, seguirás existiendo, pero habrás dejado de vivir. —Mark Twain.

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  2. 🌒 Cuando las ilusiones susurran tu nombre

    A veces siento que las ilusiones no nacen de nosotros, sino que nos encuentran. Como si fueran pequeñas luces errantes flotando en algún rincón invisible del universo, esperando el instante exacto para posarse en el alma adecuada. Y cuando llegan, no lo hacen con estruendo, sino con un susurro tenue… casi imperceptible, pero imposible de ignorar.

    He pensado mucho en esa frase que resuena como eco en un templo antiguo: “No te alejes de tus ilusiones. Cuando desaparezcan, seguirás existiendo, pero habrás dejado de vivir.” Y en ese “seguir existiendo” hay algo inquietante, como una vida suspendida, mecánica, sin pulso verdadero. Como un cuerpo que camina, pero cuyo espíritu se ha quedado detenido en algún punto del tiempo.

    Porque vivir, al menos para mí, no es simplemente respirar ni cumplir rutinas que otros trazaron. Vivir es arder por dentro. Es sentir que hay algo más allá de lo visible, algo que me llama desde un lugar que no logro ubicar en el mapa, pero que reconozco sin dudar. Y ese “algo” tiene forma de ilusión.

    Las ilusiones no son ingenuas, como muchos creen. No son simples fantasías infantiles destinadas a desvanecerse con la madurez. Son portales. Son grietas en la realidad por donde se filtra lo que todavía no existe… pero insiste en nacer. Son semillas de futuros posibles.

    Y sin embargo, qué fácil es alejarnos de ellas.

    El mundo, con su lógica pesada y sus certezas rígidas, nos enseña a desconfiar de todo lo que no puede medirse, calcularse o explicarse. Nos empuja a archivar nuestros sueños en cajones polvorientos, etiquetados como “irreales” o “imprácticos”. Y poco a poco, casi sin darnos cuenta, comenzamos a vivir en una versión reducida de nosotros mismos.

    Pero hay algo que no encaja del todo en ese molde.

    A veces, en medio de la noche o en el silencio de un instante inesperado, sentimos una punzada. Una nostalgia sin nombre. Como si una parte de nosotros recordara algo que la mente ya olvidó. Y ahí están ellas… las ilusiones, llamándonos otra vez.

    No gritan. No exigen. Solo esperan.

    He comprendido que alejarme de mis ilusiones no las destruye… solo me fragmenta. Porque cada ilusión contiene una parte de mi esencia, una posibilidad de lo que puedo llegar a ser. Y al ignorarlas, no me vuelvo más realista… me vuelvo más incompleto.

    Quizás por eso hay tantas personas que “lo tienen todo” y aun así sienten un vacío imposible de explicar. Tal vez no es falta de logros, sino ausencia de conexión con aquello que alguna vez hizo vibrar su espíritu.

    Las ilusiones, en su forma más pura, no piden garantías. No prometen resultados. No aseguran finales felices. Pero ofrecen algo mucho más valioso: sentido. Dirección. Misterio.

    Y el misterio… es donde el alma respira.

    En este viaje que llamo vida, he empezado a ver mis ilusiones como brújulas invisibles. No siempre me dicen exactamente a dónde ir, pero sí hacia dónde sentir. Y ese sentir se vuelve guía, incluso en la oscuridad.

    Porque más allá del crepúsculo —ese lugar donde lo conocido se disuelve y lo desconocido comienza a tomar forma— es donde realmente ocurre la magia. Es ahí donde las ilusiones dejan de ser ideas y se convierten en experiencias.

    No sé si alguna vez lograré materializar todas las que habitan en mí. Tal vez no. Pero he dejado de medir su valor en términos de logro. Ahora las veo como compañeras de viaje, como voces que me recuerdan que aún estoy vivo de verdad.

    Así que hoy elijo no alejarme.

    Elijo escuchar incluso cuando no entiendo. Elijo seguir esas luces, aunque el camino no sea claro. Elijo sostener mis ilusiones como quien sostiene una llama en medio del viento… con cuidado, con respeto, con determinación.

    Porque si algún día se apagan, sé que seguiré aquí… pero también sé que algo esencial habrá dejado de latir.

    Y yo no vine a este mundo solo a existir.

    Vine a arder.

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