Various Artists - Finding Balance (2009)

Hacer malabarismos con nuestras ocupadas vidas con listas de tareas pendientes y actividad constante es, a su manera, un intento de lograr la paz, pero no necesariamente aquieta la mente. Y calmar la mente durante un período de tiempo cada día es fundamental para nuestra salud y bienestar a largo plazo. Escuchar esta música con regularidad te hará sentir bien y te brindará una forma de ser desde la cual podrás abordar cualquier situación de tu vida con sabiduría y equilibrio. El álbum compilado "Finding Balance" del sello Real Music contiene música ideal para dormir y relajarse, spa y masaje, salud, sanación y Reiki. Impulsado por una ensoñación reflexiva y melodías de piano suaves y emotivas, Koch crea tapices de instrumentación suave y líneas melódicas melodiosas.

Various Artists - Finding Balance (2009)

01. Paul Lawler - Secret Lagoon
02. Paul Avgerinos - Tree of Life
03. Bernward Koch - Walking Through Clouds
04. 2OO2 - Icarus
05. Thierry David - Forgive Me
06. Kevin Kern - In My Life
07. Gandalf - Waves of Delight
08. Russel Walder - More Than Words
09. Bernward Koch - Immortal Thoughts
10. 2OO2 - Valley of Healing Waters
11. Karunesh - Flowing Bamboo

Duración total: 58:29 min.

Comentarios

  1. La manera más común en que las personas desperdician sus talentos es creyendo que no poseen ninguno.
    —Alice Walker

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  2. ✨ El don oculto bajo las cenizas del alma

    Hay una extraña paradoja que acompaña a muchos seres humanos durante gran parte de sus vidas.

    Buscan incansablemente aquello que creen haber perdido sin sospechar que jamás estuvo ausente.

    Buscan una señal, una confirmación, una prueba irrefutable de que poseen algo valioso para ofrecer al mundo. Sin embargo, cuanto más buscan afuera, más se alejan de aquello que ya habita silenciosamente en su interior.

    Quizás por eso las palabras de Alice Walker poseen una profundidad que trasciende la simple reflexión psicológica:

    "La manera más común en que las personas desperdician sus talentos es creyendo que no poseen ninguno."

    Al leer esta frase sentí que no estaba hablando únicamente de habilidades, capacidades o dones visibles. Sentí que estaba señalando algo mucho más misterioso.

    Algo relacionado con la naturaleza misma del alma.

    Porque existe un talento que precede a todos los demás.

    El talento de reconocerse.

    Y tal vez sea precisamente ese el más olvidado.

    Vivimos en una época que nos ha enseñado a admirar las montañas visibles mientras ignoramos los volcanes dormidos que llevamos dentro. Desde pequeños aprendemos a medir el valor a través de comparaciones. Observamos a quienes destacan, a quienes brillan, a quienes parecen poseer talentos extraordinarios.

    Y entonces surge una pregunta silenciosa:

    "¿Y yo qué tengo?"

    Con frecuencia esa pregunta no encuentra respuesta inmediata.

    Entonces el alma comienza a sospechar que quizá no posee nada especial.

    Pero la naturaleza jamás crea vacíos.

    El universo no produce existencias inútiles.

    No existen hojas idénticas en un bosque.

    No existen copos de nieve repetidos.

    No existen dos amaneceres exactamente iguales.

    ¿Por qué habría de existir entonces un ser humano sin un propósito singular?

    La respuesta suele permanecer oculta porque buscamos nuestros dones donde no se encuentran.

    Esperamos descubrirlos como fuegos artificiales cuando muchas veces aparecen como pequeñas brasas.

    Esperamos que lleguen acompañados de aplausos cuando suelen manifestarse en silencio.

    Esperamos que sean extraordinarios cuando frecuentemente se expresan a través de actos simples.

    Algunas personas poseen el talento de escuchar.

    Otras el de inspirar esperanza.

    Algunas tienen la capacidad de crear belleza.

    Otras poseen el extraño don de traer calma allí donde reina el caos.

    Hay quienes sanan con palabras.

    Hay quienes iluminan espacios simplemente con su presencia.

    Y hay quienes recorren toda una vida sin comprender que aquello que hacen naturalmente constituye precisamente el regalo que vinieron a ofrecer.

    Quizás el problema no sea la ausencia de talento.

    Quizás el problema sea que hemos aprendido a valorar únicamente aquello que puede ser medido.

    Sin embargo, los misterios más importantes jamás han sido cuantificables.

    Nadie puede pesar una intuición.

    Nadie puede medir la profundidad de una mirada compasiva.

    Nadie puede calcular el alcance invisible de una palabra pronunciada en el momento exacto.

    El alma conoce estas verdades.

    Pero la mente suele olvidarlas.

    A veces imagino que cada ser humano llega a este mundo portando una semilla luminosa.

    No una semilla cualquiera.

    Una semilla irrepetible.

    Algunas florecen temprano.

    Otras permanecen ocultas durante décadas.

    Algunas necesitan atravesar tormentas para despertar.

    Otras requieren largos inviernos de silencio.

    Pero todas contienen una posibilidad sagrada.

    El problema es que muchas personas abandonan el jardín antes de que la flor aparezca.

    Se convencen de que nada crecerá allí.

    Confunden la invisibilidad con la inexistencia.

    Olvidan que las raíces realizan su trabajo mucho antes de que surja el primer brote.

    Existe una sabiduría antigua que parece susurrarnos constantemente:

    Lo que buscas también te está buscando.

    Tal vez nuestros talentos no sean algo que debamos fabricar.

    Tal vez sean algo que debemos recordar.

    Porque en el fondo del corazón habita una memoria más antigua que nuestra historia personal.

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  3. Una memoria que conoce quiénes somos más allá de los miedos, las dudas y las comparaciones.

    Cuando nos acercamos a ella, algo comienza a transformarse.

    La vida deja de ser una carrera por demostrar valor.

    Se convierte en un acto de descubrimiento.

    Ya no preguntamos:

    "¿Soy suficiente?"

    Comenzamos a preguntar:

    "¿Qué parte de mí está esperando ser expresada?"

    Y esa pregunta abre puertas que antes parecían inexistentes.

    Quizás el universo no espere que seamos extraordinarios según los criterios del mundo.

    Quizás solamente espere que seamos auténticos.

    Que permitamos que aquello que nos fue confiado encuentre una forma de manifestarse.

    Que dejemos de escondernos detrás de nuestras propias dudas.

    Que comprendamos que incluso la luz más pequeña tiene sentido en la inmensidad de la noche.

    Hoy sospecho que muchos de los talentos perdidos no están realmente perdidos.

    Permanecen dormidos bajo capas de incredulidad.

    Esperan pacientemente.

    Como brasas ocultas bajo las cenizas.

    Como estrellas invisibles detrás de las nubes.

    Como melodías que aún no han encontrado el instrumento adecuado para ser escuchadas.

    Y quizás la verdadera tarea espiritual no consista en adquirir nuevos dones.

    Quizás consista en retirar los velos que nos impiden reconocer los que ya poseemos.

    Porque el alma nunca llega vacía a este mundo.

    Llega portando un fragmento irrepetible del misterio.

    Y cuando finalmente se atreve a compartirlo, descubre que aquello que creía insignificante era, precisamente, el regalo que la existencia esperaba recibir.

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