"Sapphire Oak" es una aventura de banda sonora temática y transcultural a través de la tradición y el misterio del poderoso roble. La imaginación queda cautivada por la orquesta altísima, las voces apasionadas en cuatro idiomas, el piano, el violín, el violonchelo, el arpa, el silbato irlandés y la flauta de Uilleann. Una mezcla de géneros cruzados celta, neoclásico y new age. La gran compositora Fendrich dice que escribe música vívidamente temática. Esta podría ser una de las mayores subestimaciones de un compositor al describir su música. De esta manera, Sharon Fendrich desafía la categorización fácil y habla con confianza en un vocabulario musical verdaderamente distintivo y fluido. Este, su último álbum, es una sorprendente revelación.
Sharon Fendrich - Sapphire Oak (2022)
01. Sea of Oaks
02. Leaves of Glory
03. The Grove at Dodona
04. Runic Roots
05. Call of the Ruins
06. The Oaken Door
07. Dryad's Rejoice
08. Of Badges and Crowns
09. Under Her Canopy
10. Sapphire Oak
11. Carry the Oak
Dureción total: 54:07 min.
01. Sea of Oaks
02. Leaves of Glory
03. The Grove at Dodona
04. Runic Roots
05. Call of the Ruins
06. The Oaken Door
07. Dryad's Rejoice
08. Of Badges and Crowns
09. Under Her Canopy
10. Sapphire Oak
11. Carry the Oak
Dureción total: 54:07 min.
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Buen dia!!!!
ResponderEliminarQue bien se distinguen los instrumentos, xierro los ojos y veo las manos que los ejecutan...👏
ResponderEliminarViste neto que lo logre, tardé pero aca estoy!!! Volcare.mi sentir cada mañana
ResponderEliminarDeberia notificar cuando ya subiste el tema😃
ResponderEliminarBuenas tardes Marita! Gracias por tus comentarios! Que alegría volverte a tener por acá. Me alegro que te haya gustado el tema musical de hoy! Saludos
ResponderEliminarSé amable contigo mismo. Eres hijo del universo, no menos que los árboles y las estrellas.
ResponderEliminar—Desiderata
🧉 Como el Mate y el Universo: Volver a Uno Mismo
ResponderEliminarAcá estoy… en Aluminé, con la segunda ronda de mates ya en camino. El sol de esta mañana de abril se filtra entre los árboles, dorando de a poco el paisaje, como si alguien estuviera afinando la luz. Todo parece estar en su lugar… o al menos, así se siente.
Y en ese sentir, aparece una frase que no llega como pensamiento, sino como certeza suave:
“Sé amable contigo mismo. Eres hijo del universo, no menos que los árboles y las estrellas.”
La dejo reposar… como se deja reposar el mate antes del próximo sorbo.
A veces uno se olvida de eso.
Se olvida de tratarse con la misma paciencia con la que observa un amanecer. Se exige, se apura, se mide… como si hubiera que llegar a algún lado. Y sin embargo, acá, en medio de este silencio lleno de vida, todo parece decir lo contrario.
Los árboles no se apuran.
El río no se cuestiona.
El viento no se compara.
Y nosotros… bueno… nosotros aprendimos a olvidarnos.
Mientras cebo otro mate, me acuerdo de esos comentarios de hace unos años… como si fueran voces que todavía flotan en este aire.
“Buen día!!!!”
Así, simple. Directo. Presente.
Y después… esa imagen hermosa:
cerrar los ojos y ver las manos tocando los instrumentos.
Eso es conexión.
No escuchar solamente… sino ver con el alma.
Y ahí entendí algo que quizás en ese momento no dije del todo:
cuando uno se permite sentir así… ya está siendo amable consigo mismo.
Porque se está dando el tiempo.
Se está dando el espacio.
Se está dando el permiso.
También me acuerdo de esa alegría de volver… de ese “tardé pero acá estoy”.
Y qué importante es eso.
Porque no importa cuánto uno se aleje, cuánto se distraiga o cuánto se pierda en el ruido… siempre hay un momento donde algo adentro dice: “volvé”.
Y cuando volvemos… el universo no nos reprocha nada.
Nos recibe.
Como este mate caliente entre las manos.
Como esta música que sigue sonando.
Como este blog que, de alguna manera, siempre espera.
Quizás ser amable con uno mismo sea eso:
dejar de exigirse llegar… y empezar a permitirse volver.
Volver a lo simple.
Volver a lo que nos hace bien.
Volver a ese instante donde todo está bien… aunque no todo esté resuelto.
Porque no somos menos que los árboles… aunque a veces nos sintamos más complicados.
No somos menos que las estrellas… aunque a veces nos sintamos apagados.
Somos parte.
Y cuando uno realmente siente eso… algo se afloja.
La música entra distinto.
El silencio ya no pesa.
Y el alma… respira.
Me quedo pensando también en ese deseo de ser notificado… de no perderse el momento en que algo nuevo aparece.
Y sonrío.
Porque en el fondo, la vida hace eso todo el tiempo. Nos está “notificando” constantemente… pero no siempre estamos atentos.
Un rayo de sol.
Una melodía.
Un recuerdo que vuelve.
Un mate compartido… aunque sea con uno mismo.
Todo es señal.
Todo es invitación.
Termino este mate… y ya casi sin darme cuenta, estoy cebando otro más.
Como la vida.
Como este espacio.
Como este viaje enigmático que no busca respuestas, sino momentos.
Y entonces me digo, casi en voz baja… como quien no quiere interrumpir la armonía:
sé amable con vos, Neto…
porque en este universo inmenso, misterioso y perfecto…
también sos parte de la música.