La banda sonora de la película "The NeverEnding Story", dirigida por Wolfgang Petersen, fue publicada originalmente en vinilo y casete en el año 1984, y por primera vez en CD en 1986. La pista "Ivory Tower" de Giorgio Moroder en la banda sonora no es la misma versión que se escucha en la película, además la versión orquestal de la película nunca se lanzó oficialmente hasta el día de hoy. Hay más música de Klaus Doldinger disponible en "Die Unendliche Geschichte: Das Album", que es la versión original en alemán de la banda sonora de la película. Se lanzó un álbum de banda sonora oficial con la partitura de Doldinger. El DJ, cantante, compositor y productor musical italiano Giorgio Moroder, también volvió a grabar varias escenas para la versión lanzada fuera de Alemania.
Giorgio Moroder & Klaus Doldinger - The NeverEnding Story (Reissue) (1986)
01. Giorgio Moroder - Never Ending Story (feat. Limahl)
02. Giorgio Moroder - Swamps Of Sadness
03. Giorgio Moroder - Ivory Tower
04. Giorgio Moroder - Ruined Landscape
05. Giorgio Moroder - Sleepy Dragon
06. Klaus Doldinger - Bastian's Happy Flight
07. Klaus Doldinger - Fantasia
08. Klaus Doldinger - Atreju's Quest
09. Klaus Doldinger - Theme Of Sadness
10. Klaus Doldinger - Atreju Meets Falkor
11. Klaus Doldinger - Mirrorgate - Southern Oracle
12. Klaus Doldinger - Gmork
13. Klaus Doldinger - Moonchild
14. Klaus Doldinger - The Auryn
15. Klaus Doldinger - Happy Flight
Duración total: 36:40 min.
01. Giorgio Moroder - Never Ending Story (feat. Limahl)
02. Giorgio Moroder - Swamps Of Sadness
03. Giorgio Moroder - Ivory Tower
04. Giorgio Moroder - Ruined Landscape
05. Giorgio Moroder - Sleepy Dragon
06. Klaus Doldinger - Bastian's Happy Flight
07. Klaus Doldinger - Fantasia
08. Klaus Doldinger - Atreju's Quest
09. Klaus Doldinger - Theme Of Sadness
10. Klaus Doldinger - Atreju Meets Falkor
11. Klaus Doldinger - Mirrorgate - Southern Oracle
12. Klaus Doldinger - Gmork
13. Klaus Doldinger - Moonchild
14. Klaus Doldinger - The Auryn
15. Klaus Doldinger - Happy Flight
Duración total: 36:40 min.

El viaje más largo es el que se hace hacia el interior de uno mismo.
ResponderEliminar—Dag Hammarskjöld
🗼 La torre interior
ResponderEliminarHay viajes que requieren mapas, equipaje y horizontes lejanos. Pero existen otros —los más profundos— que comienzan en silencio, sin mover un solo paso del lugar donde estamos. Aquí, en Aluminé, cuando la tarde cae lentamente sobre la cordillera y el cielo se vuelve un océano de tonos azules, suelo recordar una frase de Dag Hammarskjöld: “El viaje más largo es el que se hace hacia el interior de uno mismo.”
Y cada vez me parece más cierta.
La música tiene una manera muy particular de abrir ese camino invisible. Algunas melodías no solo se escuchan: se atraviesan. Como si fueran puertas hacia paisajes que existen dentro de nosotros.
Eso me ocurre cuando suena Ivory Tower, del álbum The NeverEnding Story de Giorgio Moroder. En sus notas hay algo que siempre me recuerda a una torre solitaria elevándose en medio de un territorio desconocido.
Una torre que no está afuera.
Está dentro.
En la historia de los antiguos relatos, las torres suelen ser lugares de sabiduría o de vigilancia. Espacios donde alguien observa el mundo desde otra perspectiva. Pero quizás la verdadera torre de marfil no sea un edificio mítico sino un punto de conciencia al que solo podemos llegar cuando nos animamos a mirar hacia adentro.
Y ese camino no siempre es sencillo.
Porque explorar el propio interior es un viaje sin mapas. No hay senderos marcados ni señales claras. Solo intuiciones, recuerdos, preguntas… y esa sensación extraña de estar caminando por paisajes que, aunque nos pertenecen, todavía no conocemos del todo.
Aquí en la Patagonia he aprendido que la naturaleza es una gran maestra de estos viajes invisibles. Las montañas parecen inmóviles, pero dentro de ellas ocurren procesos silenciosos que llevan siglos. Los ríos parecen tranquilos, pero bajo su superficie siempre hay corrientes profundas moviéndose.
Algo parecido ocurre con nosotros.
La mayor parte del tiempo vivimos en la superficie de nuestra propia historia. Entre rutinas, obligaciones y pensamientos que pasan como nubes rápidas. Pero cuando algo —una melodía, una palabra, un instante de quietud— logra detenernos, entonces comienza el verdadero viaje.
El descenso.
O tal vez la ascensión.
Porque al adentrarnos en ese territorio interior empezamos a descubrir habitaciones olvidadas del alma: sueños que alguna vez tuvimos, preguntas que evitamos responder, luces pequeñas que todavía siguen encendidas en algún rincón.
Quizás por eso ciertas músicas tienen algo de llave secreta. Nos ayudan a abrir puertas que normalmente permanecen cerradas.
Y cuando eso ocurre, comprendemos que el viaje hacia el interior no es un acto de aislamiento, sino de encuentro.
Con nuestra esencia.
Con nuestra memoria.
Con esa parte silenciosa de nosotros que observa todo desde lo alto de una torre invisible.
Tal vez por eso me gusta imaginar que cada vez que escuchamos una melodía que nos toca profundamente estamos subiendo, paso a paso, la escalera de esa torre interior.
Una escalera hecha de recuerdos, emociones y misterio.
Y al llegar arriba —aunque sea por un instante— podemos ver algo que normalmente se nos escapa en el ruido del mundo: el paisaje completo de nuestra propia existencia.
Quizás ese sea el verdadero sentido del viaje.
No llegar más lejos.
Sino mirar más profundo.
Porque, como en las historias que nunca terminan, el camino hacia uno mismo siempre continúa… más allá del crepúsculo. 🎶🌌