Carlos Alemany - Concierto Andino (1992)

Carlos Alemany es un músico zampoñista, pintor y cantautor chileno, con una trayectoria de cuarenta años dedicado al quehacer artístico. Cultor y difusor de la música andina, pintor paisajista de la geografía chilena y cantautor de raíz latinoamericana. En su producción musical consta con cerca de seiscientos temas, la cual muchos de ellos estan registrados en 8 producciones discográficas. Ha realizado varias presentaciones y exposiciones a nivel nacional y en el extranjero, permitiéndole ser representante cultural en distintos escenarios de la América Latina. Carlos Alemany en la actualidad se desempeña como un excelente profesor de música y pintura, formando talleres y dando asesoría cultural a grupos de raíz folclórica. 

Carlos Alemany - Concierto Andino (1992)

01. Palmeras
02. Pájaro campana
03. Alma llanera
04. El humahuaqueño
05. El chulla quiteño
06. La bamba
07. Brasilerinho
08. Vasija de barro
09. Jarabe tapatio
10. Alma, corazón y vida
11. Yo vendo unos ojos negros
12. Alumbra luna
13. Sajama 1
14. Sajama 2
15. Sajama 3
16. Sajama 4
17. Choyka
18. Pisco Oskay
19. Camino de lluvia
20. Diana
21. Chungara
22. Guadalquivir

Duración total: 63:14 min.

Comentarios

  1. Quien busca la felicidad fuera de sí, es como un caracol que caminará en busca de su casa.
    -Constancio Cecilio Vigil

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  2. Que gran recuerdo aún tengo un cassete que compre en los años 80 y cuando lo difundian en los tiempos de la dictadura en un programa de radio Chilena que se emitia los domingos en la noche.

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  3. Hola, que recuerdos aquellos. Yo lo tengo en CD y lo conseguí en una disqueria en los '90. Gracias por comentar. Saludos

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  4. 🦅 El Rey. La aventura de hoy: El puente invisible

    "Las grandes montañas no separan los mundos. Enseñan a construir puentes entre ellos."

    Hoy desperté con una pregunta.

    No venía del viento.

    Venía de mi corazón.

    ¿Qué une a los seres que creen estar separados?

    Era una pregunta extraña para un cóndor. Yo había cruzado montañas, volcanes y lagos incontables. Desde el cielo, nunca vi fronteras. Solo veía ríos que buscaban el mar y montañas que se saludaban unas a otras.

    Sin embargo, cuando observaba a los humanos, parecía que levantaban muros donde la naturaleza solo había dibujado caminos.

    Ese sería mi propósito de hoy.

    Encontrar un puente que nadie pudiera ver.

    Ascendí mientras el amanecer encendía las cumbres de la cordillera.

    El viento del oeste me llevó hasta un valle dividido por un río de aguas rápidas.

    En una orilla había una familia preparando el mate alrededor del fuego.

    En la otra, un anciano pescaba en silencio.

    Ninguno parecía notar al otro.

    No existía un puente de madera.

    Ni de piedra.

    Solo el río.

    Permanecí girando en círculos.

    Entonces el viento cambió.

    Una rama seca cayó al agua y comenzó a flotar corriente abajo.

    El niño de la familia corrió siguiendo aquella rama desde una orilla.

    Al mismo tiempo, el anciano caminó río abajo para rescatarla antes de que desapareciera.

    Se encontraron frente a frente.

    El niño sonrió.

    El anciano también.

    No hicieron falta muchas palabras.

    Solo compartieron un instante.

    Después, el hombre le devolvió la rama al pequeño, y este levantó la mano para despedirse.

    Desde la otra orilla, la familia respondió con el mismo gesto.

    El río seguía allí.

    Pero ya no parecía dividirlos.

    Comprendí entonces que los puentes invisibles no se construyen con madera ni con hierro.

    Se construyen con una mirada amable.

    Con un saludo.

    Con un acto de generosidad.

    Con la decisión de acercarse un paso más.

    Volví a elevarme.

    Desde arriba, aquel río parecía una cinta plateada atravesando el valle.

    Y sonreí.

    Porque el puente que había salido a buscar nunca estuvo sobre el agua.

    Había nacido entre dos corazones que decidieron reconocerse.

    Cuando el sol comenzó a ocultarse detrás de las montañas, regresé a mi roca favorita.

    El viento acarició mis alas como si quisiera contarme un secreto.

    Y entendí el último aprendizaje del día.

    La cordillera nunca fue un obstáculo.

    Siempre fue una invitación a mirar más alto.

    🌄 Reflexión del Rey

    Hoy aprendí que las distancias más difíciles no se miden en kilómetros.

    Se miden en silencios.

    Y basta una palabra sincera, una sonrisa o una mano tendida para comenzar a cruzarlas.

    Desde el cielo, todos los caminos terminan encontrándose.

    Quizás la verdadera sabiduría consista en vivir de tal manera que quienes se crucen con nosotros sientan que, por un instante, encontraron un puente hacia algo mejor.

    Y mientras el viento seguía cantando entre los pehuenes, emprendí el vuelo una vez más.

    Porque cada nuevo amanecer es otra oportunidad para unir lo que parecía separado. 🦅🌄

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