Secret Garden - Nocturne: The 25th Anniversary Collection CD2 (2020)

Esta colección muestra las excelentes mágicas melodías que ocurren cuando las composiciones para piano de Rolf Lovland y el virtuosismo del violín de Fionnuala Sherry se fusionan en perfecta armonía. "Para mí, nuestra música siempre cuenta historias", dice Lovland. "Por eso lo llamo 'historias sin palabras'". "Se trata de química", dice Sherry. "Él escribe para mí, yo toco para él, es como si tuviéramos nuestro propio vínculo musical invisible, y siempre ha sido así desde el primer día". Para Rolf y Fionnuala, el atractivo de Secret Garden sigue siendo que no se necesita una gran educación en música clásica para comprender su lenguaje musical único. "Creo que es algo emocional", añade Rolf. "Y esa es la esencia de toda la música".

Secret Garden - Nocturne The 25th Anniversary Collection CD2 (2020)

01. You Raise Me Up
02. Sleepsong
03. Sometimes When It Rains
04. The Things You Are To Me
05. Frozen In Time
06. Heartstrings
07. The Pilot
08. End Of A Journey
09. Adagio (Piano Version)
10. Reflection (Piano Version)
11. Air (from the Expo Suite)
12. Lament (from the Expo Suite)

Duración total: 45:38 min.

Comentarios

  1. Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo.
    -León Tolstói

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  2. 🌧️ El susurro de lo suficiente

    Amanece sin apuro en Aluminé.

    El cielo no se abre, apenas se insinúa detrás de una cortina gris que parece tejida con los hilos antiguos de la lluvia. Todo está húmedo, en pausa, como si el mundo hubiera decidido quedarse un rato más en ese estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Afuera, el agua cae constante, sin violencia, como un canto suave que se repite desde tiempos que no sabemos nombrar.

    Adentro, el fuego mínimo de la cocina hace su trabajo silencioso. Recaliento el agua. El mate espera entre mis manos, y fiel como siempre, está la "brujumatiK"… ese pequeño oráculo cotidiano que no señala caminos, pero sí despierta preguntas.

    Hay algo en este momento que me lleva hacia adentro.

    Quizás sea la lluvia. Quizás el otoño. O tal vez esa frase que aparece como si hubiera sido dejada ahí, justo para hoy: “Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo.”

    La leo una vez. Después otra.

    Y en ese repetir, empieza a abrirse.

    Porque no es tan simple como suena. Apreciar lo que se tiene… parece fácil, pero no lo es. Vivimos mirando hacia adelante, hacia lo que falta, hacia lo que podría ser. Como si la plenitud siempre estuviera un paso más allá, nunca acá, nunca ahora.

    Pero acá estoy.

    En este rincón del sur, con la lluvia marcando el ritmo del día, con el mate calentando las manos, con el silencio lleno de presencias invisibles. ¿Qué más haría falta, realmente?

    Pienso en la sabiduría ancestral de esta tierra. En el pueblo mapuche, en su manera de entender el equilibrio. Ellos no hablaban de tener más, sino de estar en armonía. Con la naturaleza, con el entorno, con uno mismo. El küme mongen… el buen vivir.

    No como acumulación.

    Sino como conexión.

    Y quizás ahí esté la clave que tantas veces pasamos por alto. Porque desear no está mal. Lo que nos pierde es el exceso. Esa necesidad constante de llenar vacíos que, en realidad, no se llenan con cosas, sino con presencia.

    Escucho la lluvia.

    No pide nada.
    No exige nada.
    Simplemente cae.

    Y en su caer, nutre, transforma, sostiene.

    ¿Y si la felicidad fuera algo así?

    Un estado que no depende de lo que falta, sino de la capacidad de habitar lo que ya es. De reconocer en lo simple una forma de abundancia. De entender que este momento —con su gris, con su frío, con su silencio— no es un intervalo… es la vida misma.

    El agua ya está lista. Cebo el primer mate. El vapor se eleva lento, dibujando formas que duran apenas un instante. Como pensamientos. Como deseos.

    Sonrío.

    No porque todo sea perfecto, sino porque algo adentro se acomoda. Como si, por un momento, dejara de buscar afuera lo que siempre estuvo acá.

    El blog abierto frente a mí, las palabras que alguna vez escribí, las músicas que compartí… todo eso también forma parte de lo que tengo. De lo que soy. De este camino extraño y hermoso que se fue armando sin mapa, pero con intuición.

    La "brujumatiK" descansa ahora a un lado, en silencio. Como si ya hubiera hecho lo necesario.

    Y tal vez sea cierto.

    Tal vez no se trata de acumular respuestas, sino de aprender a escuchar lo que ya está susurrando.

    Afuera, la lluvia no cesa. El amanecer sigue siendo gris. Pero ya no lo siento igual.

    Hay una calma distinta.

    Una certeza suave.

    Como si algo me dijera, sin palabras, que no hace falta correr detrás de nada. Que lo esencial no se escapa. Que lo verdaderamente importante no se mide, no se posee… se reconoce.

    Y en ese reconocimiento, casi sin darme cuenta, aparece una forma de felicidad.

    Simple.
    Silenciosa.
    Suficiente.

    Como este mate.
    Como esta lluvia.
    Como este instante que, sin hacer ruido, lo contiene todo.

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