Munkarna - A Kapitlet (2005)

"Kung av sand" es una canción escrita por Per Gessle, y grabada por Gyllene Tider lanzándola como single el 31 de julio de 1995. El single alcanzó la posición 31 en la lista de singles suecos. También se registró durante nueve semanas entre el 26 de agosto y el 28 de octubre de 1995, e incluso llegó a la cima. En 2005, la canción fue grabada por Munkarna en el álbum "A Kapitlet". Gyllene Tider es un grupo de pop sueco liderado por el cantante, guitarrista y cantante de Roxette Per Gessle. Son una de las bandas suecas más vendidas de la historia y son conocidas en Escandinavia por sus numerosos éxitos. La banda ha ganado un estatus legendario en Suecia por su poder pop, pegadizo. Coros y letras sobre la vida en un pueblo pequeño.

 

Munkarna - A Kapitlet (2005)

01. Kärleken Väntar
02. Astrologen
03. Sista Andetaget
04. Sol, Vind och Vatten
05. Midnattsro i Norr - Interlude
06. Under Ytan
07. 800 Grader
08. Kung Av Sand
09. Du Får Göra Som Du Vill
10. Vintersaga
11. Sakta På Väg - Interlude
12. När Vindarna Viskar Mitt Namn
13. Som Stormen River Öppet Hav
14. En Del Av Mitt Hjärta
15. Till Dagens Ljus
 
Duración total: 63:48 min.

Comentarios

  1. “Es hora de abandonar la guerra contra el mal, en la que el mal siempre sale fortalecido. ¿De dónde nace esta lucha? De nuestro inconsciente. De la caja de los truenos que tenemos escondida y cerrada con siete llaves.

    Es hora de abrir el cuarto de los trastos y ser capaces de afrontar nuestros miedos y armonizar con nuestros fantasmas del pasado. Lo que pasó en la infancia puede y debe cambiar, y para eso hemos de liberar las emociones encerradas en nuestros recuerdos (los filamentos energéticos que nos vacían día a día).

    Sin el Silencio nuestra mente nos arrastra hacia el abismo, y no somos capaces ni de mantenernos cinco minutos en calma y contemplación. Por eso la Meditación de la Luz vibral eleva la frecuencia de nuestros tres fuegos y permite el encendido de nuestra Merkabah.

    Sin la capacidad para Ensoñar conscientemente nunca conoceremos a nuestro Gemelo precioso, ni atravesaremos la Grieta entre los mundos o Túnel de eternidad, y por tanto nunca nos sentiremos completos ni tendremos soluciones mágicas para los problemas de nuestra vida cotidiana. Sin el contacto espiritual con el Corazón de cristal de nuestra Madre Gaia-Tonantzin nunca estaremos al tanto del momento concreto de la purificación de los cinco elementos que comienza a producirse un tanto catastróficamente sobre la biosfera del planeta.

    Sin la realización del Amor de fusión en la pareja, el deseo nos arrastra a un juego superficial de descarga y emotividad, impidiendo incluso la llegada de seres de elevada conciencia para habitar en el cuerpo de los bebés que llegan a la Tierra.”

    Extracto del libro “Eres mi Diosa” de Emilio Fiel, ediciones G&A.

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  2. 🏜️ El rey de arena y los túneles del alma

    Hay noches en las que uno comprende que la soledad no es ausencia.

    Es umbral.

    Anoche, mientras el viento golpeaba suavemente las ventanas y una vieja canción sueca sonaba perdida entre las sombras de la habitación, sentí esa extraña melancolía luminosa que a veces traen ciertas músicas. “Kung av sand”… Rey de arena. Una canción nacida en pequeños pueblos escandinavos, entre inviernos largos, cielos grises y almas acostumbradas al silencio.

    Y pensé en aquella frase de Henrik Ibsen:

    "El hombre más fuerte del mundo es el que está más solo."

    Qué frase peligrosa.

    Porque la mayoría interpreta la soledad como castigo.

    Pero existen soledades que son iniciación.

    Soledades necesarias para escuchar aquello que el ruido del mundo no deja oír.

    Vivimos aterrados al silencio. Nos rodeamos de pantallas, conversaciones vacías, estímulos permanentes y ruido mental para no enfrentar la enorme caja de truenos que escondemos dentro. Como escribió Emilio Fiel, llevamos un cuarto de trastos cerrado con siete llaves, lleno de miedos antiguos, emociones atrapadas y fantasmas de infancia que todavía gobiernan nuestras decisiones sin que lo sepamos.

    Y mientras no abramos esa puerta…

    Seguiremos huyendo de nosotros mismos.

    Quizás por eso tantas personas no soportan estar solas ni cinco minutos. Porque el silencio comienza inmediatamente a revelar lo que intentamos evitar durante años.

    Las heridas no resueltas.
    Los deseos reprimidos.
    Las palabras que nunca dijimos.
    Las pérdidas que todavía duelen.
    La sensación secreta de no saber realmente quiénes somos.

    Pero el alma tiene caminos extraños.

    A veces utiliza la música para abrir grietas invisibles en nuestras defensas.

    Y ciertas canciones funcionan como llaves energéticas.

    “Kung av sand” siempre me transmitió eso: la imagen de alguien caminando solo entre paisajes fríos, sobreviviendo emocionalmente en un mundo que parece construido de arena y memoria. Tal vez por eso las bandas escandinavas poseen una melancolía tan particular. Vienen de geografías donde el invierno obliga al ser humano a convivir consigo mismo.

    Y no todos soportan ese encuentro.

    Porque el verdadero viaje espiritual no comienza cuando encontramos respuestas.

    Comienza cuando dejamos de escapar.

    La fuerza de la que hablaba Ibsen no es arrogancia ni dureza. Es la capacidad de atravesar la noche interior sin anestesiarse. Permanecer de pie frente al propio abismo y aun así conservar sensibilidad.

    Eso requiere un coraje inmenso.

    Mucho mayor que cualquier demostración externa de poder.

    El hombre verdaderamente fuerte no es el que domina a otros.

    Es el que puede entrar en silencio dentro de sí mismo sin volverse loco.

    Y allí aparece algo fascinante.

    Porque cuando uno deja de luchar contra sus sombras, las sombras comienzan lentamente a transformarse.

    La guerra interior alimenta aquello que intentamos destruir.

    Tal vez por eso Emilio Fiel decía que es hora de abandonar la guerra contra el mal. Porque cuanto más combatimos violentamente ciertas partes de nosotros mismos, más energía les entregamos.

    El miedo necesita ser comprendido.
    No aplastado.
    La tristeza necesita ser escuchada.
    No negada.
    Las heridas necesitan conciencia.
    No máscaras espirituales.

    Pero vivimos en una cultura obsesionada con parecer fuertes.

    Y parecer fuertes no es lo mismo que serlo.

    Muchos sonríen mientras se derrumban por dentro.
    Muchos hablan de amor mientras viven emocionalmente desconectados.
    Muchos predican espiritualidad mientras siguen huyendo de sí mismos.

    Por eso el silencio auténtico resulta tan revolucionario.

    Porque en el silencio las máscaras comienzan a caer.

    Y entonces aparecen los verdaderos túneles entre los mundos.

    No hablo solamente de dimensiones místicas o portales energéticos, aunque quizás también existan. Hablo de esos estados profundos de conciencia donde uno comienza a percibir que la realidad cotidiana es apenas una superficie.

    Debajo late otra cosa.

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  3. Una inteligencia invisible.
    Un entramado energético.
    Una memoria espiritual que nos conecta con algo mucho más vasto.

    Los antiguos lo sabían.

    Por eso meditaban.
    Por eso contemplaban las estrellas.
    Por eso realizaban rituales alrededor del fuego.
    Por eso buscaban sueños lúcidos y visiones.

    No era superstición.

    Era necesidad de reconexión.

    Hoy la humanidad tiene tecnología capaz de comunicarse instantáneamente con cualquier rincón del planeta… y sin embargo nunca estuvo tan desconectada espiritualmente.

    Nos falta silencio.

    Nos falta contemplación.

    Nos falta esa pausa sagrada donde el alma finalmente puede escucharse.

    Quizás por eso la música sigue siendo uno de los últimos refugios verdaderos.

    Porque ciertas melodías suspenden momentáneamente el ruido mental y nos recuerdan algo esencial: todavía somos seres sensibles atravesando un misterio gigantesco.

    Y tal vez el amor más profundo nazca precisamente allí.

    No desde la necesidad desesperada de llenar vacíos, sino desde dos seres capaces de encontrarse conscientemente después de haber atravesado sus propias sombras.

    El amor de fusión del que hablaba Emilio Fiel no parece tener que ver solamente con romance. Parece más bien un estado espiritual donde dos almas dejan de utilizarse mutuamente como escape y comienzan a reconocerse desde un lugar más elevado.

    Pero para llegar allí primero debemos caminar solos.

    Atravesar nuestros propios desiertos.

    Convertirnos en “reyes de arena”.

    Seres que comprenden la fragilidad de la existencia sin perder capacidad de asombro.

    Porque todo es arena finalmente.

    Los cuerpos.
    Las posesiones.
    Los personajes sociales.
    Las certezas.

    Todo puede desvanecerse.

    Y sin embargo hay algo que permanece.

    La conciencia.

    La vibración del alma.

    La capacidad de amar.

    La posibilidad de despertar.

    Quizás el hombre más fuerte del mundo sea realmente el más solo porque tuvo que aprender a escuchar la voz del espíritu sin depender permanentemente del ruido exterior.

    Y cuando alguien logra eso…

    Ya no teme tanto a la oscuridad.

    Porque descubre que incluso en medio de la noche más profunda existe una pequeña luz esperando detrás del crepúsculo.

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