Various Artists - La Música De Los Dioses Vol. V CD2 (2002)

"La Música de los Dioses" es una serie de discos recopilados fundamentados en la música new age que invoca a lo espiritual e invita a la meditación. Aunque hay que destacar que la música está relacionada con la que se practicaba en las antiguas civilizaciones. Al igual que los anteriores discos, música perfecta para trascender espiritualmente. Aconsejable para esos momentos con necesidad de tranquilidad y paz espiritual. Los exóticos sonidos de los pueblos originarios vienen de la mano de "La Música de los Dioses", las canciones que te transportarán a un mundo de ensueño. Compilaciones de éxitos de todo el mundo y que ahora, junto a más de una veintena de músicos, realiza la mejor de las fusiones de world music y electrónica.

 

Various Artists - La Música de los Dioses Vol. V CD2 (2002)

01. Eternia - Recuerdos
02. Gaia - Realize
03. Greenfiel - Riverdance
04. Kenya - Shangrilah
05. Sunflower - Whims
06. Soungaie - American Natives
07. Amazoniaa - Island's Sons
08. Tanya - A New Day Has Come
09. Existence - Give Me
10. Magique - Gypsy Passion
11. The Dark Side - The River Of Life
12. Anne - Sobrevivire (Adagio)
13. Umhaia - Mystical Air
14. Red Rain - Shandala
15. Softwind - Little Girl
 
Duración total: 60:17 min.

Comentarios

  1. Cosas por las que deberías estar agradecido: 19. De tu dolor

    Lo curioso del dolor es que cuando lo sientes, duele mucho pero cuando desaparece, no puedes recordar cómo se sintió. Tienes una idea de que te duele pero no de cuánto. Agradezca que todo haya terminado, que el dolor que alguna vez sentiste ya no existe. Y el dolor que sientes se desvanecerá lentamente. Agradece el dolor porque te introdujo en una mayor alegría después de que pasara.

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  2. 🔥 Donde el dolor se vuelve ceniza

    En este comienzo del atardecer, mientras el invierno abraza a Aluminé con su silencio profundo y las montañas nevadas comienzan a teñirse de ese amarillo tenue que anuncia el descanso del sol de julio, contemplo el fuego de mi estufa hogar. Los leños se consumen lentamente, y en esa transformación descubro un antiguo lenguaje que el espíritu comprende mejor que las palabras.

    Pienso en el dolor. Mientras nos habita parece eterno, como una noche sin horizonte. Sin embargo, cuando finalmente se marcha, apenas podemos recordar la intensidad con la que nos atravesó. Solo queda una huella, una cicatriz serena, como la marca que deja el fuego sobre la madera cuando ya solo permanece el calor.

    Tal vez ese sea uno de los mayores misterios de la existencia: el dolor nunca fue el destino, sino el sendero. Vino a romper las certezas, a despojar lo innecesario y a enseñarnos que incluso las sombras conocen el camino hacia la luz.

    Aquí, donde la cultura mapuche ha aprendido desde hace generaciones a escuchar el pulso de la tierra, el murmullo de los bosques y la voz del viento que desciende de la cordillera, comprendo que nada permanece inmóvil. La nieve caerá y volverá a derretirse; el fuego se apagará para renacer con nuevos leños; el día se entregará a la noche para volver convertido en amanecer.

    También el dolor sigue esa ley invisible.

    Hoy agradezco cada herida que ya no duele. Agradezco las lágrimas que el tiempo convirtió en sabiduría. Y agradezco incluso aquellas penas que aún permanecen, porque presiento que también ellas, algún día, serán apenas un recuerdo imposible de reconstruir.

    Mientras las llamas danzan frente a mí y el crepúsculo se inclina sobre las cumbres amarillentas de Aluminé, siento que el espíritu viaja más allá de lo que los ojos alcanzan a ver. Allí donde el fuego, la nieve y el silencio se encuentran, descubro que la gratitud no nace cuando desaparece el dolor; nace cuando comprendemos que nunca vino para quedarse, sino para enseñarnos el valor inefable de la paz.

    Porque más allá del crepúsculo, el espíritu siempre recuerda que hasta la noche más fría guarda, en su corazón, la promesa secreta de un nuevo amanecer.

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