Pete Ohlin - Perfect Love (2014)

La pasión de Pete Ohlin por la música realmente salió de su propia desesperación por la paz. Hay un denominador común para las personas que Pete ha conocido en el viaje de su vida: "Todo el mundo está buscando la paz en su propio corazón". La gente está buscando un significado en esta vida. De alguna manera mística, la música que crea Pete Ohlin toca a cada persona individualmente y justo donde más la necesitan. En un reciente viaje a Europa, Pete se sorprendió de cómo su música trascendía las diferentes barreras culturales y lingüísticas. Pete Ohlin pasó parte del viaje en Holanda y la gente sintió la misma ola de paz y curación. Pete se emocionó al descubrir que su música podía sanar e inspirar en cualquier parte del mundo.


Pete Ohlin - Perfect Love (2014)

01. Pirates Of The Heart
02. First
03. In The Shadows
04. Passion
05. Heart Strings
06. Raindrop Ballet
07. Prodigal
08. Walking With Me
09. Joy
10. Love

Duración total: 40:41 min.

Comentarios

  1. Tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor. Oscar Wilde

    ResponderEliminar
  2. Los grandes maestros espirituales nos han dejado sus palabras de verdad, con el fin de que cada uno trabaje con ellas, y de forma integral viva una vida más plena. Este proceso conlleva los siguientes elementos, descritos en forma similar por personajes como Jesús, Buda y Krishna:

    Silencio
    Aceptarte a ti mismo y a los demás
    Perdonar
    Dejar ir
    Dejar a Dios actuar
    Agradecer
    Amar
    Estar en paz

    En este capítulo entenderás el significado que conlleva cada uno de estos elementos. Incluí una serie de ejercicios que realizarás inmediatamente después de haber leído cada sección. Estos no son complicados ni requieren mucho tiempo. Son formas efectivas de llevarte al estado que describo, y de forma integral, funcionarán para lograr un verdadero cambio en tu vida.


     El Silencio

    El primer elemento para despertar tu consciencia es alcanzar un silencio interno. En la mayoría de las culturas modernas, el silencio es incómodo y bajo el concepto del Ego, es algo que está mal. El silencio para el Ego implica no tener ideas, nada que decir, nada que ofrecer a los demás. En conjunto, estar en silencio se relaciona de forma subconsciente a ser nada. Y debido a tus necesidades humanas de significancia, tienes que ser algo o alguien. ¿Te has dado cuenta que la mayoría de las veces que platicas con alguien (o contigo mismo) es sobre un problema, en un tono negativo? Las conversaciones se relacionan con problemas en el mundo, de conocidos, en tu familia, en el trabajo, en la escuela. Los problemas dentro de ti, y los problemas fuera de ti.

    Por el otro lado, contrario al silencio, el hablar perdió su sentido. Inició como una forma de comunicación, de negociación y entendimiento entre los grupos sociales. Con el paso del tiempo se dejó a un lado este objetivo. En vez de buscar soluciones para sobrevivir, el ser humano lo utilizó para buscar razones de vivir. Vivir por los problemas. Como justificación del diálogo, ahora se criticaba, opinaba, regañaba, gritaba, etc., para dramatizar la vida, y de esta forma sentirse único, el actor principal de la obra de tu mundo.

    El evitar el silencio, es el alimento del Ego, que él mismo crea. Y más allá de la comunicación con otros, su alimento preferido es la comunicación contigo mismo. La voz incesante en tu cabeza que todo cuestiona, critica o piensa. Millones de pensamientos al día, generalmente repeticiones del mismo pensamiento, nos llevan a la locura inconscientemente. En conclusión, se está incómodo no sólo con el silencio de los demás, sino con el silencio propio.

    Estar en silencio no es despertar la consciencia. Es una etapa necesaria para plantear las bases del despertar. Llamémosle el ambiente. El silencio es el ambiente que tu ser crea para abrirle paso a tu ser interior. Hay que aclarar que tampoco hay que llevarlo al extremo. Dejar de hablar con todos, y callarse para siempre es otra forma del control del Ego, a través de la introversión.

    El Ego tratará de llevar tus acciones al extremo para seguir viviendo. El punto medio es el punto de armonía y despertar humano. Es como una balanza: busca el punto donde el peso esté en equilibrio; donde te sientas conectado, pero acallado. Tu ser lo refleja en estar en unidad (es decir, ser uno) con todo lo que nos rodea. La humanidad ha estado en un desequilibrio continuo, donde la mayor parte de la sociedad vive en un estado de negatividad mental. El silencio es la llave que abre la puerta y crear el ambiente propicio para el cambio.

    INTENTA ESTO AHORA

    Cierra los ojos y no pienses en nada. Si empiezas a tener pensamientos, es decir, hablando contigo mismo, detente inmediatamente y regresa al estado de tranquilidad. No hables, no digas nada. Atrápate a ti mismo en el momento en que surja la voz interna, y obligarla a callar. Solo relájate, y guarda silencio. No te desesperes, rechaza cualquier pensamiento y concéntrate. Respira relajadamente. Este es el silencio interno.

    ResponderEliminar
  3. 🎩 El jardín del silencio y las máscaras

    La noche había descendido lentamente sobre la Patagonia.

    El viento de mayo recorría los árboles desnudos como una mano invisible hojeando un antiguo libro olvidado por el tiempo. Afuera, el mundo parecía suspendido en una especie de respiración lenta. Y adentro, frente al fuego tenue de la chimenea, permanecía yo… Ernesto. Aunque casi nadie me llama así. Todos me dicen Neto.

    Sobre la mesa descansaba un viejo ejemplar gastado de El retrato de Dorian Gray. Las hojas amarillentas desprendían ese aroma extraño que poseen ciertos libros antiguos: mezcla de polvo, nostalgia y eternidad.

    No sé exactamente en qué momento ocurrió.

    Quizás fue el cansancio.

    Quizás el silencio.

    O quizás hay noches donde los mundos simplemente se acercan demasiado.

    Pero mientras observaba las llamas danzar detrás del vidrio de la salamandra, descubrí algo imposible.

    El espejo del living ya no reflejaba la habitación.

    Reflejaba otra época.

    Vi carruajes.

    Faroles de gas.

    Calles húmedas de Londres cubiertas por neblina.

    Y entonces apareció él.

    Vestido impecablemente. Abrigo oscuro. Bastón elegante. Cabello cuidadosamente peinado. Los ojos cansados de alguien que había comprendido demasiado sobre la belleza… y sobre el dolor.

    Oscar Wilde.

    Me observó desde el otro lado del espejo con una sonrisa apenas irónica.

    —Debo admitir, querido Ernesto… que los portales energéticos hacia la Patagonia no son precisamente comunes en mis noches de eternidad.

    Sonreí nerviosamente.

    —Neto… me dicen Neto.

    Wilde inclinó ligeramente la cabeza.

    —Ah… Neto. Mucho más cálido. “Ernesto” suena peligrosamente respetable. Y la respetabilidad suele ser el principio de la tragedia humana.

    Reí.

    Y por un instante olvidé completamente que estaba hablando con un hombre muerto desde 1900.

    El espejo vibró suavemente.

    Las llamas parecieron inclinarse hacia él.

    Y entonces ocurrió algo aún más extraño: el cristal comenzó a disolverse como agua.

    Oscar cruzó lentamente hacia este lado.

    Traía consigo el aroma de la lluvia londinense, de bibliotecas antiguas y teatros victorianos.

    —¿Sabe algo, Neto? —dijo mientras observaba el fuego—. La eternidad tiene un defecto espantoso: uno dispone de demasiado tiempo para pensar.

    —¿Y encontró respuestas?

    Wilde soltó una pequeña carcajada melancólica.

    —No. Pero encontré mejores preguntas.

    Se sentó frente a mí.

    Afuera el viento golpeó las ventanas.

    Adentro, el tiempo dejó de existir.

    —Siempre me intrigó una frase suya —le dije—. “Tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor.”

    Oscar sonrió como quien vuelve a escuchar una melodía antigua.

    —Oh, sí… mis pequeñas insolencias elegantes. La gente creía que hablaba de lujo. Pero en realidad hablaba del alma.

    Lo miré en silencio.

    —Explíqueme eso.

    Tomó lentamente el libro de Dorian Gray entre sus manos.

    —La mayoría de las personas se conforman con imitaciones espirituales, Neto. Imitaciones de amor. Imitaciones de felicidad. Imitaciones de identidad. Viven rodeadas de ruido porque temen descubrir el vacío interior cuando llega el silencio.

    Sus palabras atravesaron la habitación como un viento frío.

    —¿Y usted también temía al silencio?

    Oscar tardó unos segundos en responder.

    Por primera vez desapareció completamente la ironía de su rostro.

    —Toda mi vida.

    El fuego crepitó suavemente.

    —Yo hablaba brillantemente porque tenía miedo de escucharme profundamente. Convertí el ingenio en una armadura. El sarcasmo en un perfume. La belleza en un refugio contra el dolor.

    Bajó la mirada.

    —Pero el alma… el alma siempre termina esperando detrás del ruido.

    Sentí un estremecimiento.

    Porque comprendí exactamente de qué hablaba.

    La voz interior.

    El diálogo constante.

    La mente incapaz de detenerse.

    Las preocupaciones.

    Las explicaciones infinitas.

    Las conversaciones imaginarias.

    Los problemas.

    El Ego.

    Entonces recordé aquellas enseñanzas espirituales sobre el silencio interno.

    Y Wilde, como si hubiera leído mis pensamientos, dijo lentamente:

    —El Ego odia el silencio porque en el silencio deja de existir como protagonista.

    ResponderEliminar
  4. Lo observé sorprendido.

    —Eso parece más una enseñanza de Buda que de Oscar Wilde.

    Él sonrió.

    —La eternidad permite leer mucho, querido Neto.

    Ambos reímos.

    Luego su expresión volvió a oscurecerse suavemente.

    —¿Sabe qué descubrí después de morir?

    Negué con la cabeza.

    —Que la mayoría de los seres humanos jamás se conocen realmente a sí mismos. Solo conocen el personaje que aprendieron a interpretar.

    La frase quedó suspendida entre nosotros.

    Y comprendí inmediatamente la verdad brutal que contenía.

    ¿Cuántas veces hablamos como esperan los demás?

    ¿Cuántas veces fingimos fortaleza?

    ¿Cuántas veces actuamos felicidad?

    ¿Cuántas veces decoramos nuestras heridas con humor, trabajo, distracciones o apariencias?

    Oscar se acercó un poco más al fuego.

    Las llamas iluminaron parcialmente su rostro.

    —La sociedad victoriana estaba obsesionada con las máscaras. Pero su época moderna no es diferente. Solo cambiaron los escenarios. Ahora las máscaras son digitales. Emocionales. Espirituales.

    Suspiró.

    —Todos quieren parecer alguien. Muy pocos desean simplemente ser.

    Afuera comenzó a lloviznar.

    Las gotas golpeaban lentamente el vidrio como dedos del tiempo.

    —¿Y cómo se despierta realmente? —pregunté.

    Oscar permaneció callado.

    Y aquel silencio tuvo más profundidad que cualquier frase brillante.

    Finalmente habló.

    —Aceptando.

    —¿Aceptando qué?

    —Todo.

    La respuesta me desconcertó.

    Él continuó:

    —Aceptarte a ti mismo. Aceptar a los demás. Aceptar el pasado. Aceptar las heridas. Aceptar incluso tus contradicciones. Porque el sufrimiento humano nace muchas veces de la guerra constante contra lo que ya es.

    Miró las llamas fijamente.

    —Yo luché toda mi vida por ser amado sin condiciones. Y terminé descubriendo demasiado tarde que uno debe comenzar amándose sinceramente a sí mismo.

    Sus ojos parecían perdidos en otro siglo.

    —Cuando me encarcelaron… el silencio llegó finalmente.

    No dijo más.

    Pero no hacía falta.

    Conocía la historia.

    El juicio.

    La humillación pública.

    La intolerancia.

    La caída.

    La prisión de Reading.

    El abandono social.

    El dolor.

    —Y fue allí —continuó suavemente— donde comprendí algo terrible y hermoso: cuando el mundo te arrebata todas las máscaras, finalmente conoces tu rostro.

    El viento pareció detenerse.

    La habitación entera quedó inmóvil.

    —¿Y qué encontró detrás de sus máscaras?

    Oscar sonrió tristemente.

    —Un hombre asustado… que solo quería amar y ser libre.

    Sentí un nudo en la garganta.

    Porque detrás de tantas filosofías, títulos, opiniones y personajes… quizás eso es exactamente lo que somos todos.

    Seres humanos asustados intentando encontrar amor, sentido y paz.

    Oscar apoyó lentamente el libro sobre la mesa.

    —Jesús lo sabía. Buda lo sabía. Krishna lo sabía. Todos enseñaban lo mismo usando distintos nombres: el Ego crea separación. El alma busca unidad.

    Guardó silencio unos segundos.

    —Pero el Ego es teatral. Necesita conflicto. Necesita sentirse especial. Necesita problemas para sostener su identidad.

    Sonrió irónicamente.

    —En eso debo admitir que el Ego tiene cierto talento dramático digno del teatro londinense.

    Reímos otra vez.

    Y sin embargo, debajo del humor, había una verdad inmensa.

    —¿Por eso el silencio es tan importante?

    Oscar asintió lentamente.

    —El silencio no es vacío, Neto. El silencio es espacio. Es el jardín donde finalmente puede escucharse el alma.

    La lluvia aumentó afuera.

    Las sombras danzaban suavemente en las paredes.

    Entonces Wilde me miró profundamente y dijo:

    —Cierra los ojos.

    Obedecí.

    —Ahora no pienses en nada.

    Lo intenté.

    Pero inmediatamente aparecieron pensamientos.

    Recuerdos.

    Pendientes.

    Miedos.

    Ideas.

    Imágenes.

    Ruido.

    Mucho ruido.

    —¿Lo ve? —susurró Oscar—. La mayoría de las personas jamás están realmente en silencio. Solo están rodeadas de sonidos distintos.

    Respiré lentamente.

    Intenté otra vez.

    Y por un instante…

    apenas un instante…

    todo se detuvo.

    No había palabras interiores.

    No había problemas.

    No había pasado.

    No había personaje.

    Solo presencia.

    Solo existencia.

    Solo paz.

    Abrí lentamente los ojos.

    ResponderEliminar
  5. Oscar me observaba con ternura.

    —Ahí comienza el despertar.

    Sentí algo difícil de explicar.

    Como si durante toda mi vida hubiera vivido ligeramente alejado de mí mismo.

    Y aquel pequeño instante de silencio hubiera abierto una puerta invisible.

    —¿Eso es dejar actuar a Dios? —pregunté.

    Oscar sonrió.

    —Quizás Dios siempre estuvo actuando. Somos nosotros quienes hacemos demasiado ruido para notarlo.

    El fuego comenzaba a apagarse lentamente.

    La noche avanzaba.

    Y comprendí que aquel encuentro también se acercaba a su final.

    —Antes de irse… dígame algo —le pedí—. Después de todo lo que vivió… después del dolor, del escándalo, de la caída… ¿qué considera realmente importante?

    Oscar Wilde permaneció largo rato en silencio.

    Luego respondió casi en un susurro:

    —Amar sin poseer. Crear sin vanidad. Vivir sin máscaras. Y aprender a estar en paz contigo mismo incluso cuando el mundo no lo está contigo.

    Sentí un escalofrío espiritual.

    El espejo comenzó nuevamente a vibrar.

    La figura de Wilde parecía volverse ligeramente transparente.

    —¿Debo decirle adiós?

    Oscar sonrió con infinita elegancia.

    —No sea tan dramático, Neto. Los artistas nunca nos vamos del todo.

    Se levantó lentamente.

    El portal de los espejos volvió a abrirse detrás de él mostrando nuevamente las calles húmedas del Londres victoriano.

    Antes de cruzar, se detuvo.

    Y dijo las últimas palabras de la noche:

    —Recuerde esto: el alma florece cuando el ruido termina.

    Luego desapareció.

    El espejo volvió a reflejar solamente la habitación.

    El fuego terminó de consumirse.

    Y yo quedé allí… en silencio.

    Pero por primera vez en mucho tiempo, aquel silencio ya no me daba miedo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario