Timothy Wenzel - What We Hold Dear (2017)

¿Qué es lo que apreciamos? Esa es la pregunta fundamental detrás de las canciones de este álbum de Timothy Wenzel titulado "What We Hold Dear". ¿Es lo que amamos, como en el título de la canción "Appalachian Waters"? Tal vez es la belleza simple de las aguas que fluyen de los Apalaches. Para algunos, es la ascensión a los nuevos niveles del ser. Para otros, es la magia de los encantamientos. ¿Quién no valora la sabiduría y el misterio del sueño del desierto? ¿O la quietud mágica en una noche tranquila? ¿O tratar de experimentar el misterio de la vida misma en un día de primavera en otoño? Esta canción surgió de manera natural de cómo un arroyo de montaña se convierte en un poderoso río. Es una elegante canción de los Apalaches.

 

Timothy Wenzel - What We Hold Dear (2017)

01. Murmuration
02. What We Hold Dear
03. Appalachian Waters
04. Ascension
05. A Spring Day in Autumn
06. Hypnotized
07. Incantations
08. Moon Dance
09. In a Little While
10. On a Quiet Night
11. Desert Dream
12. Turquoise Sky, Emerald Sea

Duración total: 51:08 min.

Comentarios

  1. Super colección de música New age... Cuidada, pieza por pieza, albun por album y, en cada uno de ellos y través de ellos, las emociones manifiestas, la sensibilidad oculta aparece; no sólo se comparte, se comunica la interioridad porque a cada albun compete una razón, y a ésta la fuerza del corazón que se recupera en la interoceptividad y se transmite a los demás cuando se escucha la selección. Un abrazo, sobre todo mi agradecimiento. Isaac [INC]

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  2. Gracias Isaac por tus palabras. Te regalo una famosa frase de Pedro Calderón De La Barca, dramaturgo español: “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”

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  3. 🍁 Cuando la montaña nos sueña

    En esta tarde luminosa de abril, en Aluminé, el aire tiene una claridad que parece atravesar la piel y tocar directamente el alma. Las montañas, a lo lejos, se alzan inmóviles como si guardaran secretos que solo el silencio sabe descifrar. Y los robles, teñidos de rojo carmesí, arden sin consumirse, como si el otoño fuera un fuego sereno que no destruye, sino que revela.

    Me detengo a contemplar este paisaje y, sin saber por qué, resuena en mí la voz de Pedro Calderón de la Barca: “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”
    Y entonces algo se mueve dentro de mí, como si esas palabras no fueran solo literatura, sino una llave antigua que abre una puerta que siempre estuvo ahí.

    Si la vida es sueño… ¿qué es este instante que siento tan real?

    El viento baja desde la montaña con una suavidad que no perturba, solo envuelve. Las hojas caen lentamente, sin prisa, sin resistencia. Ninguna parece preguntarse por qué debe desprenderse. Simplemente ocurre. Y en ese dejarse caer hay una verdad que no necesita explicación.

    Pienso en aquella entrada del blog, hace nueve años. Recuerdo los comentarios, las palabras de Isaac, esa forma tan sincera de nombrar lo invisible: “la sensibilidad oculta aparece… se comunica la interioridad”. Y la respuesta, humilde, cercana: “Gracias por tus palabras.”
    Qué extraño… cómo algo tan simple puede permanecer vivo tanto tiempo después. Como si esas palabras también fueran hojas que no cayeron del todo, que siguen suspendidas en algún rincón del tiempo.

    Tal vez eso sea la vida.

    Un sueño que deja rastros.
    Una ilusión que, aun siendo efímera, logra tocar lo eterno.

    Aquí, en este rincón de la Patagonia, siento que la realidad se vuelve más delgada, como si pudiera atravesarla con la mirada. Las montañas parecen tan sólidas, pero ¿y si también ellas forman parte de este sueño? ¿Y si lo único verdaderamente real es lo que sentimos al contemplarlas?

    Hay una música silenciosa en todo esto. No suena en los oídos, sino en algún lugar más profundo. Es la misma que vibra en las selecciones de MusiK EnigmatiK, esa que no solo se escucha, sino que se habita. Como decía aquel comentario, cada álbum lleva una razón, una emoción que se transmite… como si cada nota fuera un hilo invisible que nos conecta.

    Y entonces comprendo algo que no puedo explicar del todo:

    Si la vida es sueño, no se trata de despertarse…
    sino de aprender a soñar con consciencia.

    De caminar sabiendo que todo es efímero, pero aun así entregarse.
    De mirar las hojas caer y sentir que, en su descenso, hay una forma de eternidad.

    El sol comienza a inclinarse, y el rojo de los robles se intensifica, casi como si estuvieran despidiéndose con un último gesto de belleza. Pero no hay tristeza en ello. Solo una aceptación profunda.

    Quizás el misterio no sea que la vida sea sueño…
    sino que, aun siendo sueño, nos conmueva tanto.

    Y en esa emoción…
    en ese instante en que algo dentro de nosotros se reconoce en lo que ve…
    tal vez, solo tal vez,
    estemos más despiertos de lo que creemos.

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  4. 🌌 Lo que guardamos en el alma

    ¿Qué es lo que realmente apreciamos? No como una respuesta inmediata, sino como un susurro que se revela con el tiempo. Esta pregunta, tan simple en apariencia, se despliega como un misterio profundo mientras me dejo envolver por el universo sonoro de Timothy Wenzel y su obra What We Hold Dear. Es allí donde las palabras dejan de ser suficientes y comienza un diálogo más íntimo, casi espiritual.

    A veces creemos que valoramos aquello que amamos, como sugiere la delicada pieza Appalachian Waters. Pero al detenernos, al escuchar con el alma en lugar de los oídos, comprendemos que lo apreciado no siempre tiene forma concreta. Puede ser la caricia invisible de un recuerdo, la calma que se posa en el pecho sin aviso, o ese instante suspendido donde el tiempo parece observarnos en silencio.

    Imagino las aguas descendiendo desde las montañas, no solo como un paisaje, sino como una metáfora viva. Un arroyo que no se cuestiona su destino, que fluye sin resistencia hasta convertirse en río. ¿No es acaso esa la esencia de nuestra propia búsqueda? Nos transformamos sin darnos cuenta, acumulando experiencias, emociones, silencios… hasta que un día comprendemos que somos algo más vasto de lo que creíamos.

    Para algunos, este viaje es una ascensión: un lento despertar hacia niveles más profundos del ser. Para otros, es un encantamiento, una danza invisible entre lo tangible y lo etéreo. Hay quienes encuentran respuestas en los sueños del desierto, donde la inmensidad revela tanto como oculta. Y otros, en la quietud de una noche tranquila, donde el silencio no es ausencia, sino presencia absoluta.

    Me pregunto si realmente buscamos respuestas, o si en el fondo anhelamos el misterio mismo. Porque hay algo sagrado en no comprender del todo, en permitir que la vida conserve su enigma. Como un día de primavera que, inexplicablemente, lleva consigo la nostalgia del otoño. Como una melodía que no se explica, pero se siente.

    Este tipo de música —y lo que despierta— no se escucha, se habita. Es un umbral. Un viaje interior que nos invita a soltar certezas y a abrazar lo intangible. En ese espacio, lo que apreciamos deja de ser un objeto o una idea, y se convierte en una experiencia viva: un instante de conexión con algo mayor, algo que no necesita nombre.

    Tal vez, al final, lo que realmente valoramos no es lo que poseemos, ni siquiera lo que entendemos. Tal vez es aquello que nos transforma en silencio, como el agua que pule la piedra con paciencia infinita. Y en ese fluir, en ese dejarse llevar, descubrimos que lo esencial siempre ha estado allí… esperando ser sentido.

    Bienvenidos a este viaje en MusiK EnigmatiK, donde cada sonido es una puerta, y cada puerta, un misterio.

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