Todo disco de Jarre suele incluir un “single” pensado como puerta de entrada, y este corte cumple claramente esa función, incluso antes de su lanzamiento oficial, al ser estrenado en algunos conciertos de la gira Electronica. Desde sus primeros segundos, una breve introducción evoca el espíritu del Oxygene original de 1976, con una textura sonora que remite a aquel universo fundacional. A ello se suman los elementos más reconocibles de la trilogía: las envolventes cuerdas del Eminent y los inconfundibles ritmos de la Mini Pops. La melodía, aunque accesible, no resulta tan simple, y sugiere un guiño al clásico “Oxygene 4”, aunque enriquecido con mayor complejidad. Destaca especialmente el meticuloso trabajo de Jean-Michel en los matices sonoros y efectos.
Jean Michel Jarre - Oxygene 3 [2016)
01. Oxygene (Part 14)
02. Oxygene (Part 15)
03. Oxygene (Part 16)
04. Oxygene (Part 17)
05. Oxygene (Part 18)
06. Oxygene (Part 19)
07. Oxygene (Part 20)
Duración total: 39:52 min.

“El mundo pertenece a los optimistas; los pesimistas son meros espectadores.” Dwight Eisenhower, militar estadounidense.
ResponderEliminarY Jean Michel Jarre lo viene demostrando desde hace varias décadas. Un nuevo disco de Oxigeno, el tercero de la trilogía. Un mundo de optimismo generado desde su música!
Federico García Lorca, poeta español: "Subió, subió, subió la voz que parecía un cántaro llenándose de agua poco a poco. ¡Claro es que al final dio un gallo, pero da gloria oírlo!"
Hola, este es un artista que para mí era como del equipo contrario en una liga de futbol; yo "era" de Vangelis, pero un buen día viendo un programa de TV (el único que veo) que se emite en España y se llama "Cuarto milenio", presentaron esta tercera entrega de Oxígeno y me di cuenta que habia valorado injustamente a este artista.
ResponderEliminarMe puse a oir este disco y más música suya y me dí cuenta que la palabra clave en la música de JMR es su frescura. Siempre sonará muy fresca pase el tiempo que pase. Saludos de Ricardo
Hola Ricardo! Gracias por tus apreciaciones sobre Jean Michel Jarre. Acá tienes un fanático de él y de Vangelis también! Seguimos escuchando juntos la fresca música New Age! Saludos desde Argentina! Abrazo
ResponderEliminar🌌 La voz que asciende entre montañas invisibles
ResponderEliminarEsta tarde en Aluminé, donde el viento parece hablar en lengua antigua y los cerros guardan historias que no se escriben, siento que hay algo más que aire recorriendo el valle. Es como si la música —esa que no siempre suena— flotara entre los coihues, bajara con el río y se filtrara en el espíritu sin pedir permiso.
Pienso en aquellas palabras: “El mundo pertenece a los optimistas; los pesimistas son meros espectadores.” Y resuenan aquí, en esta Patagonia profunda, con una claridad distinta. Porque el optimismo no es ingenuidad: es decisión. Es como encender fuego en medio del frío, sabiendo que la noche será larga, pero igual elegir la luz.
Quizás por eso la música de Jarre —y también la de Vangelis— tiene algo de ceremonia. No es solo sonido: es intención. Es un acto de fe —esa confianza silenciosa en lo invisible, en lo que aún no se revela pero ya se siente—. Durante años, muchos los han comparado, como si fueran rivales en una liga imaginaria. Pero la verdad es que ambos habitan el mismo cielo, aunque en constelaciones distintas.
Recuerdo ese comentario sincero: alguien que creía estar “en el equipo contrario” hasta que un día escuchó… y algo cambió. Qué misterio ese instante en que el juicio se disuelve y aparece la escucha verdadera. Como si el alma, de pronto, reconociera una frecuencia olvidada.
Eso es la frescura.
No depende del tiempo, ni de las modas. Es una cualidad del espíritu. Algo que permanece joven porque no se aferra, porque fluye. Como el agua del río Aluminé, que nunca es la misma, pero siempre es río.
Y entonces aparece Lorca, como un eco lejano pero íntimo: “Subió, subió, subió la voz…” Y puedo verlo —o sentirlo— como ese canto que se eleva desde lo profundo, llenándose poco a poco, como un cántaro invisible. No importa si al final quiebra, si se vuelve imperfecto. Hay una belleza en ese ascenso, en ese intento de tocar lo alto desde lo humano.
Aquí, en esta tierra donde el pueblo mapuche entiende que todo tiene espíritu —el agua, la piedra, el viento—, la música no es ajena a esa visión. Es parte del tejido. Un pulso más dentro del gran latido. Y cuando alguien crea desde la autenticidad, como Jarre, lo que hace no es solo componer: es invocar.
Invocar optimismo.
Pero no un optimismo superficial, sino ese que nace después de haber dudado. Ese que elige creer incluso cuando no hay garantías. Como quien sigue caminando entre la niebla porque confía en que el sendero está, aunque no se vea.
Quizás por eso seguimos escuchando. Juntos, aunque estemos lejos. Unidos por algo que no se puede explicar del todo. Una melodía, una emoción, una vibración compartida.
Y en ese acto —tan simple, tan profundo— dejamos de ser espectadores.
Nos volvemos parte.
Parte de la voz que sube.
Parte del cántaro que se llena.
Parte de ese mundo invisible que, poco a poco, también empieza a cantarnos.
Desde Aluminé, donde el silencio también tiene música, comprendo que el verdadero viaje no es elegir entre sonidos o artistas… sino abrirse a aquello que nos transforma sin avisar.
Y seguir escuchando. Siempre.