"Soul Of The Machine" es un delicado muestrario del sello Windham Hill que reúne distintas miradas de la música electrónica new age en un clima sereno y contemplativo, donde conviven texturas sintéticas, matices jazzísticos y una sensibilidad casi espiritual. Este álbum se despliega como música de fondo ideal, aunque revela su verdadera profundidad al escucharlo con atención íntima, donde cada pieza respira y sugiere paisajes emocionales sutiles. En sintonía con otras obras de su tiempo, ofrece composiciones atmosféricas de tinte romántico, como “Peace Of Mind”, que evocan estados de introspección y calma. La obra logra capturar ese equilibrio entre percepción y liberación emocional, manteniendo una vigencia que la acerca a una pequeña joya atemporal dentro del género.
Various Artists - Soul Of The Machine (1987)
01. Mitchel Forman - Rizzo
02. Fred Simon - Time and the River
03. Michael Whiteley - Water Trade
04. Colin Chin - Ayers Rock
05. Richard Schönherz - Peace of Mind
06. Philippe Saisse - Land of the Morning Calm
07. Gary Chang - Cityscape
08. Scott Hiltzik - Chorale
09. Paul McCandless - in the Age of Steam
10. Tim Story - The Lure of Silence
11. Roy Finch - Shadows of the Earth
Duración total: 50:35 min.

“El éxito en la vida consiste en seguir siempre adelante.”
ResponderEliminarSamuel Johnson, poeta inglés
"¿Sabes qué se hace cuando no se puede más? Se cambia."
Alberto Moravia, escritor italiano.
DiceCornelia Funke, escritora y novelista alemana:
ResponderEliminar"No dejar nunca que el otro olvidara quién era. Eso también formaba parte del amor."
🌿 Seguir siendo, incluso cuando todo cambia
ResponderEliminarEsta mañana en Aluminé el sol no calienta del todo, pero ilumina con una claridad que parece venir de otro lugar. El otoño se posa sobre las cosas con una belleza serena, como si supiera algo que yo recién empiezo a comprender. Respiro hondo. El aire es limpio, casi transparente. Y en ese silencio luminoso, mi maestro interior vuelve a hablar.
No lo hace con certezas, sino con una dirección: seguir.
“El éxito en la vida consiste en seguir siempre adelante.” La frase se posa en mí como una hoja que cae sin apuro. Pero… ¿qué significa realmente seguir? ¿Avanzar sin cuestionar? ¿Persistir aun cuando el alma se cansa? Algo en mí responde que no. Seguir no es forzar. Seguir es escuchar el pulso interno incluso cuando el camino cambia de forma.
Porque hay momentos —lo sé, lo he vivido— en los que ya no se puede más.
Y entonces aparece esa otra voz, más cruda, más humana: “¿Sabes qué se hace cuando no se puede más? Se cambia.”
Cambiar… no como huida, sino como transformación. Como el árbol que no lucha contra el otoño, sino que suelta sus hojas. No se detiene, no retrocede… se adapta. Sigue, pero de otra manera.
Tal vez ahí se esconde un misterio: avanzar no siempre implica continuar igual. A veces, seguir adelante es tener el coraje de mutar sin perder el centro. Dejar caer versiones de uno mismo que ya no sostienen la vida que somos.
Miro alrededor. Todo parece estar en tránsito. El viento mueve lo que creía quieto. La luz dibuja nuevas formas sobre lo conocido. Y en ese juego sutil, entiendo que cambiar no es traicionarse… es afinarse.
Pero hay algo más. Algo más profundo que el simple avanzar o transformarse.
“No dejar nunca que el otro olvidara quién era…”
Esa frase me atraviesa distinto. Porque no habla del camino, sino del vínculo. Y en ese vínculo —con el otro, con la vida, conmigo mismo— hay una responsabilidad silenciosa: sostener la esencia, incluso cuando todo lo demás se mueve.
¿Qué sería de mí si, en mi afán de cambiar, olvidara quién soy?
¿Qué sería del amor si, en su intento de sostener, intentara moldear?
Quizás amar —y amarme— sea justamente eso: recordar. Recordar sin imponer. Acompañar sin borrar. Permitir que el otro sea… y que yo también lo sea, incluso en mis cambios, incluso en mis quiebres.
El verdadero avance, entonces, no es lineal. Es espiral. Vuelve sobre sí mismo, pero nunca es igual. Cada paso hacia adelante es también un regreso más profundo a lo esencial.
Sigo. Cambio. Recuerdo.
Tres movimientos de una misma danza.
El sol ahora se eleva un poco más. El frío se retira apenas, como si respetara este instante de comprensión. Y en esta mañana simple, sin grandes acontecimientos, siento que algo se ordena en mi interior.
No necesito correr. No necesito resistir.
Solo necesito no detenerme… y no olvidarme.
Porque seguir adelante no es llegar a algún lugar.
Es aprender a habitar cada transformación sin perder el alma en el intento.
Y quizás, solo quizás, eso sea el verdadero éxito.