Amy Lauren - Sulla Riva (2016)

Sila Riva ("En la Orilla" en italiano) es el séptimo álbum de la pianista y compositora Amy Lauren. En esta ocasión, el tema del álbum trata de la convergencia de los tres ríos, incluyendo el alto Mississippi, cerca de donde la artista Amy Lauren creció. Otras historias y experiencias se expresan a través de solos de piano que a veces son muy suaves y fluidos y otras veces más intensos. "Puentes en el camino del río" se siente un poco como un paseo en una mañana de primavera, cuando todo se siente fresco y nuevo otra vez. Amy Lauren ha creado otro excelente disco de piano solo, compartiendo algunos de sus lugares favoritos donde tres ríos se encuentran y las muchas maneras en que han afectado a su vida y su música. 

Amy Lauren - Sulla Riva (2016)

01. Mahogany Cider
02. Black Creek Trail
03. Where Three Rivers Meet
04. Emmerson's Ballad
05. Bridges on River Road
06. Rain Rhythm
07. White Feather's Tale
08. Lavender Clay
09. Sulla Riva
10. Waterline
11. Towards the Sea
12. Let Waters Rage
13. The Autumnal Sessions

Duración total: 52:58 min.

Comentarios

  1. Música de piano solo para comenzar el volumen 86 de la Colección MusiK EnigmatiK. Una piano esperanzador de que este invierno llegará a su fin y renacerá la esperanza de un nuevo tiempo feliz... Solo resta dejarnos llevar por su melodía y atravesar esos puentes en el camino del río...

    Michel Foucault, filósofo francés, nos dice:
    "Las riquezas son riquezas porque las estimamos, así como nuestras ideas son lo que son porque nos las representamos."

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  2. 🎹 El Puente de la Esperanza

    La melodía de un piano solitario, sus notas caen suavemente como gotas de lluvia sobre el alma, danzando entre los recuerdos de días pasados y los sueños de un futuro aún por venir. Este sonido, cargado de misterio y reflexión, nos invita a un viaje que no solo es hacia el exterior, sino hacia nuestro propio ser. Es un llamado a sumergirse en la profundidad del invierno que nos rodea, ese frío que parece prolongarse hasta el infinito, pero que, como todo en la vida, tiene un fin. Y al final del túnel, la luz del renacimiento.

    Michel Foucault nos habla de cómo las riquezas, ya sean materiales o inmateriales, solo son aquello que decidimos estimar. Nos dice que las ideas son lo que son porque las representamos, como si las construyéramos en nuestra mente, dándoles forma, color y valor. Pero si todo lo que consideramos valioso depende de nuestra percepción, ¿qué pasaría si pudiéramos cambiar esa visión? ¿Qué sucedería si decidiéramos dejar de medir el valor en términos de lo tangible, de lo inmediato, y comenzáramos a contemplar lo intangible, lo invisible, lo etéreo?

    En el frío del invierno, todo parece detenido, suspendido en el tiempo, como si el mundo estuviera esperando. Sin embargo, cada árbol, cada campo cubierto de nieve, cada instante de silencio en la noche, tiene la semilla de una nueva primavera. Y el piano, en su armonía solitaria, nos lo recuerda: la música no es solo un sonido, es una vibración de la esperanza que, aunque leve, tiene la fuerza de mover montañas. Solo tenemos que dejarnos llevar por ella, cruzar los puentes invisibles que nos conectan con el mañana y permitir que la melodía nos guíe.

    ¿Qué es la esperanza, si no una creencia en que el ciclo se renueva? El invierno es solo una parte del viaje, un tiempo que parece largo y doloroso, pero es solo una estación más en el constante flujo de la vida. Como Foucault sugiere, la riqueza no es más que lo que estimamos. Y la esperanza, al igual que la música, solo existe si decidimos reconocerla. Si nos permitimos sentirla, si la representamos en nuestra mente como un eco lejano que nos llama a seguir adelante.

    El piano sigue tocando, sus notas fluyen suavemente, como el río que atraviesa los paisajes invernales. En sus notas se esconde la promesa de un tiempo mejor, de un puente que une lo que somos con lo que podemos llegar a ser. Este invierno será vencido, como todos los inviernos lo son, por la simple verdad de que la primavera está inevitablemente en camino. Así como las ideas nacen en nuestra mente y cobran vida cuando las representamos, así también nuestras vidas siguen el curso de los ríos: atravesamos el frío, cruzamos los puentes, y finalmente llegamos a la calidez de un nuevo ciclo.

    La belleza de esta melodía, como las estaciones, reside en su transitoriedad. Nada dura para siempre, ni el invierno ni el dolor ni la oscuridad. Pero si aprendemos a escuchar, si aprendemos a sentir, la música nos llevará, nos enseñará a transitar esos puentes y nos mostrará que, al final del camino, el renacer es solo una cuestión de tiempo.

    El piano sigue, y con él, la esperanza.

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