Dan Gibson's Solitudes - Songbird Symphony (2002)

La nueva música compuesta para este trabajo de Solitudes, perteneciente a su álbum "Songbird Symphony", resulta verdaderamente refrescante y envolvente. Desde los primeros compases, se percibe una atmósfera serena que invita a la contemplación. Por supuesto, nos deleitamos especialmente en la pista entera dedicada al tanager escarlata, reconocido por poseer uno de los cantos más bellos entre las aves de América del Norte. La experiencia auditiva evoca la sensación de despertar suavemente en medio del bosque, mientras la luz del día comienza a filtrarse entre los árboles. El contorno musical acompaña ese proceso de vigilia creciente con gran sutileza. El álbum genera la ilusión de estar al aire libre, rodeados de cantos naturales que favorecen la conexión con la naturaleza.

Dan Gibson's Solitudes - Songbird Symphony (2002)

01. Baltimore Oriole
02. Hermit Thrush
03. Scarlet Tanager
04. Yellow-rumped Warbler
05. Gray Catbird
06. Veery
07. Winter Wren
08. Wood Thrush

Duración total: 51:17 min.

Comentarios

  1. Precioso tema para este día sin gorjeos de pájaros por aquí...Igualmente honrando lo Sagrado...Gracias Neto!!!

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  2. Gracias Susana por tus palabras! La verdad que estás en lo cierto! Todos los CD de la serie Soledades de Dan Gibson están espectaculares. Uno puede disfrutar de la mejor música en medio de la majestuosa naturaleza con sus sonidos típicos. Es como estar rodeado de árboles, montañas, mar y todos los animalitos que nos acarician con sus cantos y trinos.

    “El pasado no se puede cambiar. El futuro está aún en su poder.”
    Mary Pickford, actriz canadiense

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  3. Çok teşekkürler!!
    Güzel bir keşif oldu benim için.. takip edeceğim bu ismi.

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  4. Vaykorus nos dice:

    "Muchas gracias !!
    Voy a seguir .. Fue un descubrimiento para mí este nombre."

    Dan Gibson se ha rodeado de naturaleza, pero en especial de excelente músicos amigos, que juntos lograron esta fabulosa serie "Soledades de Dan Gibson, explorando la naturaleza con música"!

    Fuerte abrazo desde el otro lado del mundo Vaykorus!

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  5. No importa que te amen o te critiquen, te respeten, te honren o te difamen, que te coronen o te crucifiquen; porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo.
    Osho

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  6. 🌒 El Susurro del Pewma en la Noche de Aluminé

    El otoño había descendido sobre Aluminé con la lentitud de un espíritu antiguo. El viento helado bajaba desde las montañas arrastrando hojas doradas y el aroma húmedo de los coihues dormidos. Esa noche, mientras el cielo se quebraba en miles de estrellas sobre la cordillera, caminé en silencio hacia la orilla del río. No buscaba respuestas. Buscaba escuchar aquello que el ruido del mundo moderno nos obliga a olvidar.

    Las aguas oscuras del Aluminé parecían hablar un idioma imposible. Allí, junto a un fogón tímido que apenas resistía el frío, estaba él.

    El anciano Kimche.

    No supe en qué momento apareció. Tal vez ya estaba allí desde antes de mi llegada. Tal vez había estado esperando desde hace generaciones. Su rostro parecía tallado por la nieve y el tiempo. Sus ojos, en cambio, tenían el brillo profundo de quien ha visto más allá del sueño y de la muerte.

    Me senté frente al fuego sin decir palabra.

    El viejo levantó lentamente una rama ardiente y dibujó círculos en el aire.

    —Neto… —dijo con una voz suave como madera quemándose—. El pasado no se puede cambiar. El futuro está aún en su poder.

    Aquella frase cayó sobre mí como una piedra en un lago inmóvil.

    Durante años había cargado recuerdos como cadenas invisibles. Errores. Ausencias. Personas que ya no estaban. Instantes que hubiera querido detener antes de que se rompieran para siempre. Y sin embargo, en aquella noche helada, el Kimche sonrió apenas, como si pudiera leer cada sombra dentro de mí.

    —El winka cree que el tiempo es una línea —continuó—. Pero para nuestro pueblo, el tiempo es un río circular. Todo vuelve. Todo conversa con todo.

    El fuego crepitó.

    A lo lejos un chucao cantó entre los árboles oscuros.

    Entonces el anciano tomó un puñado de tierra húmeda y la dejó caer lentamente entre sus dedos.

    —El pasado no desaparece. Vive debajo de sus pasos. Alimenta la raíz. Pero si usted cava demasiado profundo buscando lo que perdió… termina enterrándose junto a ello.

    Sentí un estremecimiento recorrerme entero.

    El viento comenzó a soplar con más fuerza. Las llamas parecían inclinarse hacia el sur, como obedeciendo una presencia invisible. El Kimche cerró los ojos por un instante y murmuró palabras en mapuzungun que no logré comprender. Sin embargo, algo dentro de mí sí las entendió.

    Era extraño.

    Como si el alma recordara idiomas que la memoria había olvidado.

    —Los antiguos decían que existen espíritus que caminan entre los pensamientos de los hombres —susurró—. Algunos alimentan el miedo. Otros despiertan el espíritu. Usted debe elegir cuál escuchar esta noche.

    Miré el río.

    Por un instante juraría haber visto figuras reflejadas en el agua. Sombras largas envueltas en neblina azulada caminando río arriba hacia las montañas. No producían temor. Más bien una melancolía inmensa… como si pertenecieran a otro tiempo.

    —¿Qué eran? —pregunté casi sin voz.

    El anciano sonrió.

    —Pewma.

    Sueños.

    O quizás recuerdos del mundo antes del mundo.

    El silencio volvió a instalarse entre nosotros. Pero ya no era un silencio vacío. Era un silencio vivo.

    Comprendí entonces que el verdadero misterio no estaba oculto en cavernas sagradas ni en libros prohibidos. El misterio habitaba en nuestra manera de mirar la existencia. En cómo dejamos que el dolor nos defina o nos transforme.

    El Kimche alimentó el fuego con otra rama.

    —Muchos hombres envejecen sin haber conocido jamás su espíritu —dijo—. Confunden sobrevivir con vivir. Corren detrás del mañana mientras olvidan escuchar el latido de esta noche.

    Levanté la vista hacia el cielo.

    La Vía Láctea atravesaba la oscuridad como un sendero ceremonial abierto por los dioses antiguos. Sentí algo difícil de explicar… una especie de paz salvaje mezclada con nostalgia.

    Como si el universo entero respirara lentamente alrededor nuestro.

    Entonces el anciano me observó fijamente.

    —Usted escribe, Neto. Y quien escribe también abre portales. Las palabras pueden encender almas… o dormirlas. Nunca olvide eso.

    Aquella frase quedó suspendida entre las brasas.

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  7. El fuego comenzaba a extinguirse.

    La madrugada avanzaba silenciosa desde las montañas.

    Y entendí finalmente lo que el Kimche había querido mostrarme:

    No podemos regresar para alterar lo vivido.

    Pero cada pensamiento, cada decisión y cada acto en esta noche sagrada tiene el poder de modelar los caminos invisibles del mañana.

    El pasado es piedra.

    El futuro… humo.

    Y el espíritu humano es el viento que decide hacia dónde viajarán esas cenizas.

    Cuando levanté la mirada nuevamente, el anciano ya no estaba.

    Sólo quedaban el río, el frío y el murmullo ancestral del bosque respirando bajo las estrellas de Aluminé.

    Desde entonces, algunas noches de otoño, cuando el viento sopla desde la cordillera y el crepúsculo parece abrir grietas en la realidad… todavía creo escuchar aquella voz antigua susurrando entre los árboles:

    —El futuro está aún en su poder…

    Y entonces comprendo que el verdadero viaje espiritual nunca ocurre hacia afuera.

    Sucede dentro del alma.

    En ese territorio secreto donde los sueños, los ancestros y el universo conversan en silencio más allá del crepúsculo.

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