Creol - Latin Guitar (2012)

La guitarra es un instrumento musical de cuerda pulsada cuya forma y sonido han acompañado a numerosas culturas a lo largo de la historia. Su nombre específico puede ser guitarra clásica, guitarra española, guitarra criolla o guitarra acústica, según su construcción y tradición interpretativa. La obra “Latin Guitar” representa un aporte fundamental al repertorio moderno y es considerada una de las más destacadas dentro de la vanguardia americana. La gran belleza melódica de sus composiciones, el colorido armónico, la riqueza rítmica y la variedad de contrapuntos que desarrolla le otorgan una estética profundamente personal, manteniendo siempre la esencia y frescura de la guitarra latina. Sin duda, constituye una de las mejores y más influyentes colecciones de guitarra acústica.

 

Creol - Latin Guitar (2012)

01. Summer at the Balaton - Balatoni Nyàr
02. Creol Queen
03. Creol Sunshine - Creol Napfény
04. Hotel California
05. Tour-Mix
06. 2 The Night
07. I Will Survive
08. La Galleguita
09. Moorea
10. La Isla Bonita
11. Moonflower
12. Latin Quarter
13. Confession - Vallomàs
14. Lambada
15. Waves - Hullàmok
16. Sun Machine
17. Olympics - Olimpia

Duración total: 71:59 min.

Comentarios

  1. “La felicidad no depende de lo que uno no tiene, sino del buen uso que hace de lo que tiene.”
    Thomas Hardy.

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  2. Dice Ken Liu (1976) Escritor, novelista, traductor y abogado chino, ganador de los prestigiosos premios Hugo y Nebula y autor de "El zoo de papel" (2011), "La gracia de los reyes" (2015), "El muro de las tormentas" (2016) y "Leyendas de Luke Skywalker" (2017):

    "Nunca había oído a mis padres decirse "te quiero", pero hay palabras que no necesitan decirse para ser verdad..."

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  3. 🎸 El lenguaje invisible de las almas

    Hay mañanas en Aluminé donde el viento parece venir desde otro tiempo. No sopla: susurra. Recorre lentamente los árboles desnudos, atraviesa los callejones silenciosos y baja desde las montañas con esa melancolía antigua que sólo conoce la Patagonia cuando el otoño comienza a apagar los colores del mundo.

    Hoy el cielo amaneció cubierto de nubes bajas y el frío tiene esa densidad extraña que obliga al espíritu a mirar hacia adentro. Mientras preparo unos mates y la madera cruje suavemente bajo el peso del silencio, pienso en cuántas cosas importantes existen sin necesidad de ser pronunciadas.

    Tal vez por eso no puedo dejar de recordar aquella frase de Ken Liu:

    "Nunca había oído a mis padres decirse "te quiero", pero hay palabras que no necesitan decirse para ser verdad..."

    Y de pronto todo cobra otro sentido.

    Porque vivimos en una época donde las personas dicen demasiado y sienten muy poco. Las palabras se han vuelto rápidas, vacías, apuradas. Pero el amor verdadero… el amor verdadero casi siempre habita en lo invisible.

    Está en quien espera.

    En quien permanece.

    En quien escucha sin interrumpir.

    En quien se queda aun cuando el invierno emocional lo cubre todo.

    Thomas Hardy decía:

    "La felicidad no depende de lo que uno no tiene, sino del buen uso que hace de lo que tiene."

    Y quizá ahí resida uno de los secretos más olvidados de la existencia.

    Pasamos gran parte de la vida mirando lo ausente, como si la plenitud estuviera siempre en otro sitio. Otra ciudad. Otro cuerpo. Otro destino. Otro tiempo. Sin embargo, hay almas capaces de encontrar eternidad en una taza caliente entre las manos o en una melodía que llega desde un rincón remoto de la memoria.

    La felicidad, tal vez, no sea una conquista.

    Tal vez sea una forma de mirar.

    Aquí, en este rincón austral del mundo donde las montañas observan en silencio el paso de los hombres, uno aprende lentamente que las cosas más profundas nunca hacen ruido.

    El viento no necesita explicar su misterio.

    La nieve no necesita anunciar su llegada.

    La música tampoco.

    Escuchando Latin Guitar, comprendí algo difícil de describir. La guitarra parecía respirar como un organismo vivo, como si cada cuerda guardara memorias antiguas de pueblos enteros atravesando la historia bajo cielos inmensos.

    Hay instrumentos que se ejecutan técnicamente. Pero hay otros que parecen hablar directamente con el espíritu humano.

    La guitarra latina tiene esa capacidad.

    No busca imponerse.

    Abraza.

    Sus melodías poseen la calidez de los fuegos nocturnos, la nostalgia de los caminos interminables y la belleza melancólica de aquello que sabemos efímero. Cada contrapunto, cada armonía, cada silencio entre nota y nota parece recordarnos que la vida está hecha de pequeños instantes imposibles de retener.

    Y quizá por eso conmueve tanto.

    Porque en el fondo todos sabemos que estamos de paso.

    La Patagonia enseña eso constantemente.

    Los lagos cambian de color según la hora.

    Las estaciones transforman el paisaje como si el mundo mudara lentamente de piel.

    Nada permanece igual.

    Ni siquiera nosotros.

    A veces creo que el alma humana se parece mucho a una guitarra antigua: guarda marcas invisibles, grietas silenciosas y resonancias que sólo aparecen cuando alguien toca las cuerdas correctas.

    No todo necesita ser explicado para existir.

    Hay abrazos que curan sin palabras.

    Hay miradas que contienen universos enteros.

    Hay músicas que llegan a lugares donde la razón jamás podría entrar.

    Y también hay personas que aman de manera tan silenciosa que uno recién comprende su profundidad cuando ya no están.

    Quizá por eso ciertas melodías duelen hermosamente.

    Porque nos recuerdan aquello que nunca dijimos.

    Aquello que sentimos demasiado tarde.

    Aquello que permaneció suspendido entre el orgullo y el miedo.

    Mientras el mate pierde lentamente su calor y el viento golpea las ventanas como un viajero antiguo pidiendo refugio, entiendo que la verdadera riqueza jamás estuvo en acumular cosas, sino en aprender a honrar lo que ya habita nuestras manos.

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  4. Una conversación sincera.

    Una canción capaz de estremecer el alma.

    Un paisaje que nos devuelve el silencio interior.

    La presencia de alguien que permanece incluso en la oscuridad.

    Eso basta.

    Quizá siempre bastó.

    La felicidad no siempre llega como un relámpago. A veces aparece discretamente, sentándose junto a nosotros en medio de una tarde fría de otoño en Aluminé, mientras una guitarra acústica transforma el aire en memoria y el espíritu comprende, por un instante, que todavía existen lugares sagrados dentro del corazón humano.

    Lugares donde el amor no necesita palabras.

    Donde la música se vuelve plegaria.

    Y donde el alma, finalmente, aprende a escuchar aquello que el universo lleva siglos intentando decirnos más allá del crepúsculo.

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