Lucia Micarelli - Music From A Farther Room (2004)

Nacida en 1983 en Queens, Nueva York, esta artista posee una rica herencia cultural gracias a su madre coreana y su padre italiano. Su prodigioso viaje comenzó a los tres años, sumergiéndose en el estudio del violín, el piano y la danza. No fue hasta 2002 cuando su curiosidad la alejó del rigor académico, llevándola a explorar la música "no clásica" en bares nocturnos junto a grupos de jazz y rock. Su talento excepcional cautivó a la Trans-Siberian Orchestra, que la contrató como directora de orquesta para su gira de 2003. Posteriormente, brilló junto a Josh Groban en su "Closer Tour" como solista invitada. En 2004, consolidó su identidad artística con su primer álbum en solitario, una obra maestra que fluye con elegancia entre la música clásica, el new age y el pop contemporáneo.

 

Lucia Micarelli - Music From a Farther Room (2004)

01. Samarkand
02. Oblivion
03. Meditation from 'Thais' (with guest artist Lang Lang)
04. Portrait
05. To Love You More
06. Reflexio (from Cavalia)
07. Aurora
08. Lady Grinning Soul
09. Ravel String Quartet in F Major Assez vif - Tres rythme
10. She Is Like The Swallow (featuring Leigh Nash)
11. My Funny Valentine
12. Nocturne Bohemian Rhapsody

Duración total: 54:52 min.

Comentarios

  1. Una violinista excepcional! Una artista de lujo en el blog para compartir en el día de hoy! Sonidos místicos con melodia energizante! Me encanta!

    Sobre la frase que acompaña:

    "Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana. (Walt Disney)"

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  2. Wowww...maravilloso es siempre escuchar el sonido del violín..... sonido que va directo al alma ! me encantó!
    Me quedo pensando en las sabia palabras de este Maestro ..."Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana. (Walt Disney)"
    GRACIAS Neto....♥♥ hermoso tema ´para meditarlo...

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  3. El sonido del violín siempre produce sentimientos profundos en nuesta alma... nos conmueve interiormente! Gracias Sandy por recordárnoslo!

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  4. Sonidos de violín en esta plácida mañana tempranito en las montañas! Ideal para escuchar esta pieza enigmática y reflexionar sobre el espacio-tiempo que nos toca vivir: el presente.

    Una frase extraída del libro El atlas de las nubes (2004) de David Mitchell, escritor inglés, dice:

    "Si los perdedores consiguen sacar partido de lo que les enseñan sus adversarios, entonces sí, los perdedores, a la larga, pueden ser los ganadores."

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  5. 🎻 El violín bajo las estrellas del tiempo

    La noche en Aluminé ha descendido con una solemnidad antigua. El frío del otoño se desliza entre las calles silenciosas y las montañas parecen custodiar algo más que sombras. Hay noches que solo pasan… y otras, como esta, que parecen abrir portales invisibles hacia preguntas que uno había postergado demasiado tiempo.

    El viento sopla suave entre los árboles desnudos y, a lo lejos, el murmullo del río se mezcla con algo inesperado: un violín.

    No sé de dónde viene exactamente esa melodía, pero atraviesa el aire como si conociera el camino hacia el alma. Hay sonidos que entretienen… y otros que despiertan. Este pertenece a los segundos.

    Camino siguiendo la música hasta llegar a una pequeña capilla de piedra perdida entre los senderos del bosque. Nunca la había visto antes. O quizás siempre estuvo ahí y recién ahora podía verla.

    La puerta estaba entreabierta.

    Entré.

    Adentro apenas ardían unas velas. El aroma a madera vieja y humo de incienso flotaba en el aire como un recuerdo. Sentado junto al altar, un sacerdote anciano sostenía un rosario entre las manos. No parecía sorprendido de verme.

    —Llegaste justo cuando el violín comenzaba a hacer preguntas —dijo con una sonrisa apenas visible.

    Me senté frente a él sin decir nada. Afuera, el viento golpeaba las paredes de piedra como si quisiera entrar también.

    —¿Sabés por qué ciertas melodías conmueven tanto? —preguntó.

    Negué con la cabeza.

    —Porque nos recuerdan algo que olvidamos mientras vivimos demasiado rápido.

    Guardó silencio unos segundos y luego agregó:

    —El alma nunca tiene apuro… pero el hombre sí.

    Las velas temblaron apenas. Sentí entonces que aquella conversación no iba a ser simple. Había algo en ese lugar… algo antiguo. Como si las paredes hubieran escuchado cientos de confesiones invisibles a través de los siglos.

    —Hoy pensaba en una frase —le dije—. Esa que pregunta si lo que hacemos hoy nos acerca al lugar donde queremos estar mañana.

    El sacerdote cerró los ojos un instante.

    —Una gran pregunta… y también una peligrosa.

    —¿Peligrosa?

    —Sí. Porque obliga a mirarse sin disfraces.

    El violín continuaba sonando a lo lejos. Una melodía lenta, profunda, casi sagrada.

    —Muchos desean llegar a un lugar distinto en sus vidas —continuó—, pero pocos observan honestamente sus pasos cotidianos. Quieren paz, pero alimentan el conflicto. Quieren luz, pero viven distraídos. Quieren encontrar sentido… mientras se alejan de sí mismos día tras día.

    Sus palabras no tenían dureza. Solo verdad.

    Miré las llamas de las velas y pensé en cuántas veces uno imagina futuros luminosos mientras descuida el presente que los construye.

    —Entonces el mañana no existe… —murmuré.

    El sacerdote sonrió.

    —Existe como semilla. Pero la tierra siempre es hoy.

    Afuera el viento arreció un poco más. Por un instante sentí que toda la noche respiraba alrededor de aquella frase.

    La tierra siempre es hoy.

    Y comprendí algo.

    Cada pequeño gesto tiene dirección. Cada pensamiento repetido, cada decisión silenciosa, cada palabra dicha desde el alma o desde el ego… nos acerca o nos aleja.

    No hay actos neutros.

    Incluso quedarse inmóvil… también es un camino.

    —Pero a veces uno se siente perdido —dije.

    —Todos los peregrinos espirituales se sienten así alguna vez.

    El anciano tomó una pequeña copa de madera y bebió lentamente antes de continuar.

    —El problema es que muchos buscan señales extraordinarias, cuando el verdadero misterio ocurre en lo cotidiano.

    Se inclinó apenas hacia mí.

    —¿Cómo trataste hoy a los demás? ¿Qué alimentaste dentro tuyo? ¿Escuchaste tu silencio? ¿Fuiste honesto con tu corazón? Ahí empieza el destino.

    El violín pareció elevarse entonces, como si respondiera a sus palabras.

    Recordé aquellos comentarios en el blog, aquella mañana donde el sonido del violín nos llevaba directo al alma. Sandy tenía razón: hay instrumentos que no se escuchan solamente con los oídos. El violín parece tocar fibras invisibles, recuerdos que no pertenecen a esta vida solamente.

    Y tal vez por eso esta noche todo se sentía suspendido entre tiempos.

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  6. El sacerdote observó hacia una ventana pequeña donde apenas se veía la oscuridad del bosque.

    —El futuro intimida porque el hombre quiere controlarlo. Pero el espíritu solo pide coherencia.

    —¿Coherencia?

    —Sí. Que tus acciones no contradigan tus anhelos.

    Esa frase quedó flotando dentro mío como el eco de una campana lejana.

    Porque cuántas veces soñamos con una vida más luminosa mientras seguimos sosteniendo hábitos que nos apagan. Queremos llegar a otro estado del alma… pero seguimos caminando en círculos.

    —¿Y si me equivoqué mucho? —pregunté casi en voz baja.

    El sacerdote sonrió otra vez, con una ternura extraña.

    —Entonces ya aprendiste más que muchos.

    Me vino a la memoria aquella frase de El atlas de las nubes: “Si los perdedores consiguen sacar partido de lo que les enseñan sus adversarios, entonces sí, los perdedores, a la larga, pueden ser los ganadores.”

    Quizás el espíritu crece así.

    No evitando las caídas… sino comprendiendo lo que vienen a enseñarnos.

    La música cesó de pronto.

    El silencio llenó la capilla como una presencia viva.

    El sacerdote se levantó lentamente y antes de marcharse hacia las sombras del fondo dijo algo que todavía sigo escuchando:

    —No te obsesiones con llegar. Preguntate simplemente si hoy caminaste en dirección a tu verdad.

    Y desapareció.

    No sé cuánto tiempo permanecí ahí sentado. Afuera, las estrellas comenzaban a abrirse entre las nubes frías de mayo. El bosque entero parecía guardar un secreto ancestral que no podía explicarse con palabras.

    Cuando salí de la capilla, el viento golpeó mi rostro como una bendición helada.

    Y mientras regresaba lentamente por el sendero oscuro de Aluminé, entendí que el mañana no se construye con promesas grandiosas.

    Se construye con pequeñas fidelidades invisibles.

    Con cada pensamiento.

    Con cada gesto.

    Con cada paso silencioso bajo las estrellas.

    Porque el verdadero viaje espiritual…
    siempre comienza hoy.

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