Yanni - Dare To Dream (1992)

El álbum “Dare to Dream” de Yanni hace a las personas perseguir sus sueños; si no nos atrevemos a soñar, no podemos formar nuestro futuro. Aquí, el músico griego exalta su grandeza con sus temas románticos en las estructuras de las canciones más firmes y melodiosas. Los fondos del sintetizador resurgiente, al igual que el piano constante y persuasivo, hacen de su magia y estilo algo único, e inigualable. Yanni expone su corazón en el tema “In the Mirror”, una balada lacrimosa llena de sentimientos que caen en forma de cascada como las hojas de lluvia en una sola calle de la ciudad. Yanni crea las condiciones armoniosas que nos permiten atrevernos a soñar con su música, inspirando profundamente nuestras emociones más íntimas.

 

Yanni - Dare To Dream (1992)

01. Once Upon A Time
02. A Love For Life
03. Nice To Meet You
04. So Long My Friend
05. You Only Live Once
06. To The One Who Knows
07. Face In The Photograph
08. Felitsa
09. Desire
10. Aria
11. A Night To Remember
12. In The Mirror

Duración total: 58:40 min.

Comentarios

  1. Inborrables recuerdos me trae este tema de Milenium! No sabía que era de Yanni! Este es uno de esos temas que uno se enamora en la primer escucha! Me atrevo a soñar con un mundo mejor! Persigo mis sueños y no los dejo escapar! Los sueños los hago realidad... soy un mago!

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  2. Por otro lado, la mente es menos inmediata. Lleva un registro gigantesco de recuerdos, los cuales le agrada repasar constantemente. Compara los nuevos con los viejos y toma una decisión: esto es bueno, aquello es malo, esto vale la pena repetirlo, aquello no. Así, las emociones generan una respuesta inmediata, impensada frente a cualquier situación, como el bebé que sonríe o llora espontáneamente. Pero la mente consulta su banco de memoria y proporciona una reacción retardada.

    El mago no reacciona de ninguna de estas dos maneras, ni inmediata ni tardíamente — Merlín sencillamente es. Ve el mundo y le permite ser como es. Sin embargo, no es un acto pasivo. La base de todo lo que existe en el mundo del mago descansa sobre el conocimiento de que “Todo esto soy yo mismo”. Por lo tanto, al aceptar el mundo como es, el mago lo ve todo bajo la luz de la auto-aceptación, que es la luz del amor.

    Parece extraño que la definición del mago sobre el amor esté envuelta en silencio. Para las emociones, el amor es una oleada de sentimiento, una atracción muy activa hacia un estímulo abrumador. La mente tiene sus propios estilos, pero no son muy distintos: la mente ama todo aquello que le repite un recuerdo placentero del pasado. “Me encanta esto” básicamente quiere decir: “Me encanta repetir eso que fue tan maravilloso antes”. Por consiguiente, tanto la mente como las emociones son selectivas. Seleccionar y escoger no tiene nada malo, pero demanda esfuerzo. Aunque a todos nos han enseñado que el esfuerzo es bueno, que nada puede lograrse sin trabajo, eso no es cierto. La existencia no se logra con esfuerzo; el amor no se logra con esfuerzo.

    En un plano más sutil, la selección y la escogencia también implican rechazo. La mente se concentra en una cosa a la vez. Antes de poder decir: “Me agrada eso”, es necesario rechazar todas las demás opciones. Las cosas que solemos rechazar tienen un viso de temor. La mente y las emociones no son imparciales ante el dolor y el sufrimiento; los temen y rechazan. Este hábito de seleccionar y escoger acaba por demandar mucha energía, puesto que nuestra mente permanece vigilante, constantemente alerta para cerciorarse de que jamás se repitan el dolor, la desilusión, la soledad y muchas otras experiencias dolorosas. ¿Qué espacio le queda al silencio?

    Sin silencio el mago no tiene espacio. Sin silencio no es posible apreciar realmente la vida, cuyas fibras más sutiles son tan delicadas como un botón de rosa. Cuando los mortales recurrían a los magos para pedirles consejo, lo hacían porque se daban cuenta que ellos no vivían atemorizados. Los magos aceptan, incluso acogen, todo lo que les sucede. “¿Cómo logran tener esa paz?” les preguntaban los mortales. Y la respuesta de los magos era: “Busquen dentro de ustedes mismos, donde sólo hay paz”.

    Así, el primer paso hacia el mundo de Merlín es reconocer que existe — con eso basta. Al sentarse a reflexionar sobre esta lección es probable que la mente se rebele, rechazando la noción misma de que exista otro punto de vista válido, un camino distinto al propio. Las emociones quizás se unan a esa ola de desconfianza, angustia, aburrimiento, escepticismo y desdén, lo que sea que surja. No hay que resistirse a esos sentimientos. Sencillamente son la forma habitual de seleccionar y escoger. Rechazando la mente se coloca en primer plano. Durante años nos ha servido fielmente, alejando de nosotros las cosas desagradables. La pregunta es si las tácticas de la mente realmente han funcionado. Es probable que la mente logre hacemos inteligentes, pero está mal equipada para darnos la felicidad, la realización y la paz.

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  3. FELIZ DIA DE OTOÑO PARA TODOS! Y FELIZ DIA DE LA PRIMAVERA PARA LOS DE LA PARTE NORTE DEL MUNDO! ¿se vienen Trufa y Olé nuevamente? creo que si!

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  4. Claro Neto, es más, ayer me ausenté del blog porque fuí a buscarlos , a danzar con ellos acariciados por el viento que nos balanceaba de aquí para allá ....acompañados por esta exquisita melodía.... honrando la llegada del otoño.....estación ...para dejar ir.... soltar....
    Ole y Trufa me dijeron que serian felices si cada otoño recordaramos su historia ...asique como es tan hermosa prometí traerla de nuevo a este rinconcito mágiKo....y dice así... (la he leído infinitas veces pero siempre ...siempre,...me emociona)

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    1. ❀ ✿ ❁ ✾❀ ✿ ❁ ✾. . En la copa de un árbol que había perdido todas sus hojas todavía quedaban dos. Una de ellas se llamaba Ole y la otra Trufa. Tanto Ole como Trufa estaban en la misma ramita. Como estaban en lo más alto del árbol, recibían mucho sol. Por alguna razón, que Ole y Trufa desconocían, habían sobrevivido a todas las lluvias, a todas las noches frías y a los vientos, y seguían aferradas al extremo de la ramita. ¿Quién sabe por qué razón cae una hoja y otra sigue firme? Pero Ole y Trufa creían que se debía al gran amor que sentían recíprocamente. Ole era algo más grande que Trufa y unos días más vieja, pero Trufa era más bonita y delicada. Una hoja puede hacer muy poco por otra cuando sopla el viento, cae la lluvia o azota el granizo. Incluso en verano una hoja puede desgarrarse y, al llegar el otoño y el invierno, ya no se puede hacer nada. Aun así, Ole no perdía ocasión de animar a Trufa. Durante las peores tormentas, cuando retumbaban los truenos, centelleaban los relámpagos y el viento arrancaba no sólo hojas, sino ramas enteras, Ole le decía a Trufa:
      -¡Sujétate, Trufa! ¡Agárrate con todas tus fuerzas!
      A veces, durante las noches frías y tormentosas, Trufa se lamentaba:
      -Ha llegado mi hora, Ole, pero tú no te sueltes.
      -¿Para qué? -preguntaba Ole-. Sin ti mi vida no tiene sentido. Si te caes, caeré contigo.
      -¡No, Ole! ¡No lo hagas! Mientras una hoja pueda sostenerse, no debe soltarse...
      -Todo depende de que te quedes conmigo -replicaba Ole-. De día te contemplo y admiro tu belleza. De noche aspiro tu fragancia. ¿Ser la única hoja de un árbol? ¡No, jamás!
      -Ole, tus palabras son muy dulces, pero no son ciertas -dijo Trufa-. Sabes muy bien que ya no soy bella. ¡Mira qué arrugada estoy! Toda mi savia se ha secado y me da vergüenza de que los pájaros me vean. ¡Me miran con tanta lástima...! A veces me parece que se ríen de lo arrugada que me he puesto. Todo lo he perdido, pero todavía me queda algo: mi amor por ti.
      -¿Y no es suficiente? De todas nuestras fuerzas, el amor es la mayor, la más hermosa -dijo Ole-. Mientras nos amemos, permaneceremos aquí, y no habrá viento, lluvia o tormenta que pueda destruirnos. Te diré algo, Trufa: nunca te quise tanto como te quiero ahora.
      -¿Por qué, Ole? ¿Por qué? Estoy completamente amarilla.
      -¿Quién dice que el verde es bonito y el amarillo no? Todos los colores son igualmente bellos.

      ❀ ✿ ❁ ✾❀ ✿ ❁ ✾

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    2. Y justo en el momento en que Ole decía estas palabras, sucedió lo que Trufa había temido durante todos esos meses. Sopló un viento que arrancó a Ole de su rama. Trufa comenzó a temblar y a agitarse hasta el punto que pareció que también ella sería arrancada en seguida, pero estaba firmemente sujeta. Vio cómo Ole planeaba en el aire y la llamó en el idioma de las hojas:
      -¡Ole, vuelve! ¡Ole! ¡Ole!
      Pero incluso antes de que hubiese terminado de decirlo, Ole desapareció de su vista. Se mezcló con las demás hojas caídas y Trufa se quedó sola en el árbol.
      Trufa no pensaba que una noche pudiera ser tan larga como aquélla: tan oscura, tan helada. Le hablaba a Ole, esperando una respuesta, pero Ole estaba callada y no dio muestras de su presencia.
      Trufa le dijo al árbol:
      -Ya que me has arrebatado a Ole, déjame marchar.
      Pero el árbol ni siquiera se dio por enterado de este ruego.
      Después de un rato, Trufa se quedó dormida. No era sueño, sino una extraña languidez. Se despertó y, para su sorpresa, descubrió que ya no colgaba del árbol. El viento se la había llevado mientras dormía. Era distinto a lo que sentía cuando se despertaba en el árbol, cuando salía el sol. Ahora todos sus temores y sus angustias habían desaparecido. Ese despertar también le trajo una conciencia que nunca antes había experimentado. Saber que no era sólo una hoja completamente a merced del viento, sino que formaba parte del universo. Ya no era pequeña, ni débil, ni pasajera, sino parte de la eternidad. A través de alguna fuerza misteriosa, Trufa comprendió el milagro de sus moléculas, sus átomos, sus protones y sus electrones: la enorme energía que representaba y el plan divino del cual formaba parte. Junto a ella reposaba Ole y se saludaron con un amor del que antes no habían sido conscientes. Ya no era un amor que dependía de la suerte o el capricho, sino un amor tan poderoso y eterno como el propio universo. Lo que habían temido cada día, entre abril y noviembre, resultó no ser la muerte, sino la redención. Se levantó una brisa que elevó a Ole y Trufa por los aires, donde flotaron con una alegría sólo conocida por quienes se han liberado y han entrado en la eternidad...
      Tu eres Ole...yo soy Trufa...
      Te espero.
      Siempre.
      ❀ ✿ ❁ ✾❀ ✿ ❁ ✾

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  5. Gracias Sandy por recordar nuevamente la historia de Ole y Trufa! muy emotiva por cierto! No vuelvas a ausentarte sin avisar... que estabamos preocupados! Namaste!

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  6. Acá estoy amigo!! No te preocupes !! Vine volando con Arco Iris y Edén... trajimos a Ole y Trufa... para que se queden en el blog durante el otoño!!! Me fui sabiendo que me estarian esperando en el blog, vos, Ekuus y el Mago Merlin !!! Gracias!!

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  7. Ah bueno! Así es mejor! Me alegra que todos nos encontremos reunidos en el bosque del Animo! Ahora a escuchar a Merlín que nos explicará su segunda lección! shhhhhhh (no hagás chistes de su barba Sandy... shhhhhhh que te va a escuchar! jaja)

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  8. SHHHH Neto!!! no es necesario hacer chistes ni decir nada acerca de nada !! Ya con tenerlo en la mente, el mago lo sabe todo!! shhhhhh , ni lo pienses Neto!!!! jajaaj que segurito ya se enteró !!!

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  9. jajajaja siiii... tanto es así que hoy no quiso darnos la tercera lección! Bueno, será mañana! A no perdérsela! pero... ¿por qué todos los magos tienen un báculo o bastón? que intriga...

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  10. mm...... te cuento Neto, es común encontrarse con magos, hechiceros o brujos que usan un bastón alargado para producir su magia, en lugar de usar una varita. Un ejemplo de lo anterior podemos encontrarlo en Gandalf el hechicero de las novelas de El Señor de los Anillos, mismo que sostiene báculo que usa para realizar sus conjuros. Siguiendo la tradición e historia de la magia, se puede concluir que antes de la invención de la varita, el báculo era el único instrumento usado por magos y hechiceros, era muy complicado de usar y por ello solo un puñado de brujos tendrían la habilidad para manejarlo.
    ۞ ஜ ۞ ஜ cuantos misterios!!!!! ۞ ஜ ۞ ஜ

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  11. si... que interesante! que misterioso todo este mundo de la magia! A soñar con magos, hechiceros o brujos esta noche! La magia es real! Gracias Sandy por el comentario!

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  12. 🍂 El Mago del Otoño y el Silencio que Nos Sueña

    Esta mañana nublada en Aluminé parece suspendida entre dos mundos.

    El mate gira lento entre nuestras manos, tibio, ritual, eterno. Afuera, el otoño patagónico pinta los árboles con esa melancolía dorada que no entristece… sino que revela. El amor de mi vida me mira en silencio, como si supiera que hoy no hacen falta demasiadas palabras. Kayquén, echada a nuestros pies, respira profundo, en paz con todo lo que es.

    Y en ese instante… vuelven.

    Como hojas arrastradas por el viento del tiempo, regresan aquellas palabras de hace doce años. Aquella madrugada de marzo donde escribí, casi sin pensar, que era un mago… que perseguía mis sueños… que no los dejaba escapar.

    Y sonrío.

    Porque hay algo profundamente cierto en aquel impulso. Pero también hay algo que el tiempo —como buen maestro silencioso— se encargó de susurrarme después.

    El mate sigue girando.

    Y con él, gira la memoria.

    Recuerdo esa otra voz… la que hablaba de la mente, de los recuerdos, de cómo elegimos, de cómo rechazamos. De cómo nos aferramos a lo que nos dio placer y evitamos lo que dolió. Y en medio de todo eso… la figura del mago.

    No el mago de los trucos.

    El otro.

    El que simplemente es.

    Miro el cielo gris de Aluminé, y lo entiendo de una forma distinta ahora. Antes, quizás habría pensado: “qué día triste”. Hoy no. Hoy el cielo no necesita ser otra cosa. No necesita mejorar. No necesita gustarme.

    Simplemente es.

    Y en ese “ser”, hay una paz que no depende de nada.

    Quizás de eso se trataba ser un mago.

    No de cambiar el mundo… sino de dejar de resistirlo.

    El vapor del mate se eleva como una presencia invisible. Y por un instante, todo se vuelve profundamente simple. No hay pasado que corregir ni futuro que alcanzar. Solo este círculo: manos, miradas, respiración… amor.

    Y entonces aparecen ellos.

    Ole y Trufa.

    Dos hojas resistiendo el viento, creyendo que su amor era lo que las mantenía unidas a la rama. Qué hermosa ilusión… y qué verdad tan profunda escondida en ella.

    Porque cuando finalmente cayeron… no se perdieron.

    Se encontraron.

    No eran solo hojas.

    Eran parte de todo.

    Cierro los ojos un instante, y algo en mi interior se aquieta.

    Entiendo que durante años fui ese que perseguía sueños como si se escaparan. Como si el futuro fuera un lugar al que había que llegar corriendo. Como si la magia estuviera en hacer… en lograr… en alcanzar.

    Pero hoy…

    Hoy el otoño me enseña otra cosa.

    Las hojas no se aferran.

    Confían.

    Caen no porque pierdan… sino porque es tiempo de transformarse.

    Kayquén se estira, bosteza, y vuelve a acomodarse. Su simpleza es perfecta. No se pregunta por el sentido de la vida. No repasa recuerdos. No persigue nada.

    Solo es.

    Y quizás ahí, en esa forma de habitar el instante, hay más magia que en cualquier hechizo.

    El amor a mi lado me alcanza el mate. Nuestras manos se rozan apenas. Y en ese gesto mínimo, siento algo inmenso: no necesito que este momento sea eterno… porque ya es completo.

    El mago no retiene.

    El mago no elige.

    El mago ama.

    Pero no como emoción pasajera… ni como recuerdo repetido.

    Ama como quien reconoce.

    “Todo esto soy yo”.

    El viento afuera mueve suavemente las ramas. Tal vez alguna hoja está cayendo ahora mismo, comenzando su viaje. Tal vez, como Ole y Trufa, descubre en la caída algo que jamás habría encontrado aferrada.

    Y entonces comprendo algo más.

    Ser un mago no era una fantasía de aquel Neto del 2014.

    Era una intuición.

    Una semilla.

    Que hoy, en esta mañana nublada de domingo, en esta rueda de mates, en este rincón del mundo… finalmente germina en silencio.

    No necesito perseguir los sueños.

    Necesito habitarlos.

    No necesito cambiar el mundo.

    Necesito verlo sin miedo.

    No necesito aferrarme al amor.

    Necesito serlo.

    El mate se termina.

    La ronda continúa.

    Y el otoño… como un viejo sabio… sonríe entre las hojas que caen sin temor.

    Porque en cada final…

    hay un regreso invisible hacia lo eterno.

    Y en ese misterio…

    quizás, sin darnos cuenta…

    todos somos magos.

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