Steven Roberg compone su música como si pintara cuadros, en vez de pigmentos utiliza sonidos. Como él mismo dice, es una música para el alma. En esta Suite Espacial de los Nueve Anillos de Urano "Flight Of Rings (Vuelo de los Anillos)" utiliza sus sintetizadores y dirige la Blue Cyberia Orchestra. Es un viaje imaginario al planeta Urano recorriendo cada uno de sus nueve anillos. La pista "Arrival (Victory) (Victoria)" corresponde a la llegada a Urano. Los sonidos del viento solar están grabados por la nave Voyager 2 en el año 1977 a su paso por los anillos exteriores del planeta Urano. Música misteriosa con un aire de triunfo... de victoria por llegar a ese espacio solitario que es parte de nuestro Sistema Solar también.
Steven Roberg - Flight of Rings (2006)
01. Arrival (Victory)
02. Six (Atlantis)
03. Five (On Eagles Wings)
04. Four (Ocean of Dreams)
05. Alpha (Deep Space)
06. Beta (Stars)
07. Eta (A Deeper Shade of Blue)
08. Gamma (Quasar)
09. Delta (Heavenly Love)
10. Flight of Rings (Solaris)
Duración total: 58:18 min.

Roberto 19 de noviembre de 2012 08:01
ResponderEliminarOhhhh, esta musica es ideal para escuchar en el observatorio, una noche bajo las estrellas.
Me encanta. Gracias amigo por avivarme de la existencia de este artista plastico-musical.
Un abrazo y buena semana
Neto 19 de noviembre de 2012 09:42
Gracias Roberto por comentar! Ya te dije que me encanta la imagen que acompaña tu nombre! El CD completo es espectacular! En cuento pueda te comparto el link para que lo puedas bajar! Reservame una entrada para el observatorio! Otro CD que te aconsejo porque lo escuchaba las noches de sábado con un amigo contemplando las estrellas mientras filosofábamos sobre la vida y los misterios que encierra es de Isao Tomita, Live in New York... lo tenés? En breve subiré un tema de ese CD.
Abrazo y gracias por escribir!
Gloria Celeste González Junyent 20 de noviembre de 2012 13:31
Extraño este espacio que siento como propio, y este tema me gustó mucho aunque debo confesar que su inicio me descolocó un poco pero en el transcurrir me fue envolviendo y lo disfruté mucho, beso
Neto 20 de noviembre de 2012 15:55
Es un hermoso viaje por el Cosmos con sonidos típicos del mismo... es una música misteriosa que nos lleva más allá de nuestra Tierra a otro planeta del Sistema Solar, en este caso a los Anillos de Urano. Tiene un aire de triunfo... de victoria por llegar a ese espacio solitario pero que es parte nuestro también. Me agrada mucho!
🧭 La brujumatiK y las fronteras invisibles
ResponderEliminarEsta mañana en Aluminé el cielo amaneció despejado, como si la Patagonia hubiera decidido abrir una ventana directa hacia el misterio. Desde donde estoy se ven los cerros dibujando el horizonte con esa calma antigua que parece venir de otro tiempo. El río corre con su música transparente y el viento mueve las ramas de los pehuenes como si fueran las páginas de un libro que la tierra aún sigue escribiendo.
Tengo el mate cerca y, mientras recorro las ideas que van naciendo para el blog, vuelvo a usar mi pequeña “brujumatiK”. No es una brújula común. No señala exactamente el norte ni el sur. Más bien apunta hacia esos lugares interiores donde las preguntas empiezan a tener más peso que las respuestas.
Hoy esa aguja imaginaria parece orientarse hacia algo que ocurre muy lejos de estas montañas.
Pienso en Medio Oriente, en los territorios donde la historia vuelve a tensarse como una cuerda antigua. Pienso en la guerra, en las fronteras marcadas sobre los mapas, en los nombres de países que a veces olvidan que antes de ser líneas políticas fueron tierras habitadas por seres humanos que respiraban el mismo aire del planeta.
Y entonces recuerdo una frase de Henry David Thoreau que resuena como un eco en medio del paisaje:
“Las fronteras no son el este o el oeste, el norte o el sur, sino allí donde el hombre se enfrenta a un hecho.”
Mientras miro el horizonte patagónico, esa idea comienza a abrirse como un sendero.
Porque las montañas de aquí no conocen fronteras. El viento que pasa por Aluminé puede haber rozado antes los volcanes de Chile. El agua del río no se detiene a preguntar de qué lado del mapa está fluyendo. La naturaleza no entiende de divisiones; sólo entiende de ciclos.
Tal vez las fronteras verdaderas no estén en la tierra, sino en la conciencia.
Son esos momentos en los que el ser humano se encuentra frente a un hecho inevitable: la posibilidad de elegir entre la destrucción o la comprensión, entre el miedo o la lucidez.
Cada época de la historia parece llegar, tarde o temprano, a ese punto invisible.
La brujumatiK interior comienza entonces a girar. No para indicarnos un lugar geográfico, sino para recordarnos algo más difícil: que todos estamos llamados a decidir hacia dónde orientar nuestro espíritu.
Los pueblos antiguos de esta región patagónica sabían que el equilibrio del mundo dependía de la relación entre las personas y la tierra. No hablaban de fronteras como límites rígidos, sino como zonas de encuentro entre fuerzas distintas.
Quizás por eso el paisaje aquí invita tanto a reflexionar.
Porque cuando uno observa estas montañas entiende que los mapas humanos son apenas un intento de ordenar algo que en realidad es mucho más vasto y misterioso.
La verdadera frontera aparece cuando la conciencia despierta frente a los hechos del mundo.
En ese instante, cada uno se convierte en territorio.
Territorio donde puede germinar la violencia…
o donde puede comenzar, silenciosamente, una forma distinta de comprendernos.
El mate se enfría un poco. El viento sigue pasando entre los árboles.
Y la brujumatiK, fiel a su extraño propósito, vuelve a señalar hacia el mismo lugar de siempre: ese punto secreto donde el espíritu humano decide quién quiere ser, incluso cuando el mundo parece haber olvidado el camino.
Tal vez allí, más allá del crepúsculo y de los mapas, empieza el verdadero viaje.